Webcómics caídos

Los webcómics están caídos desde hace unos días, porque la página que los acogía cerró (hace tiempo que no me pasaba por allí, pero te echaré de menos, Subcultura). Me enteré tarde del cierre y justo ha coincidido con un momento en el que ya estaba ocupada, así que no pude preparar una página antes del cierre.

Sin embargo, sí que me dio tiempo a hacer algunas pruebas y ahora que empiezo a librarme de algunas responsabilidades, espero tener los cómics en pie en menos de una semana, aunque sea con un diseño provisional. Los acogeré en mi propio host esta vez.

Se me había ocurrido también subir No Hay Príncipes de forma progresiva. Igual subir el primer capítulo entero y luego subir una página al día, o algo así, supongo que podría ser interesante por si alguien quiere redescubrir el cómic. Aunque aún no sé cómo voy a programar esto, ya que es imposible que pueda subir cada página a mano día a día. Así que lo dejaré un poco en al aire, según vaya probando plugins y jugando con el diseño.

Personajes, marcadores y su problemática.

Un marcador es elemento visible (también pueden aparecer dentro de las historias puramente escritas, pero me voy a centrar en esta entrada en los dibujos), que ayuda a definir la identidad de un personaje. Es una herramienta que hay que usar con cuidado, sin embargo,  la mayoría de los que dibujamos/escribimos la usamos continuamente, las vemos ser usadas, pero rara vez nos paramos a pensar seriamente lo que representan; solo leemos su significado sin pararnos a pensar en sus connotaciones.

¿Queréis un ejemplo?

Me apuesto un brazo a que la mayoría de vosotros a ver las imágenes pensáis que el monigote de la izquierda es un hombre, y el de la derecha, por la mera aparición del lazo, es una mujer.

El lazo es un marcador. Define el monigote como femenino.

Ahora es donde vienen las preguntas difíciles: ¿por qué asumimos que el monigote sin marcador alguno es un hombre?, es más, ¿a qué también muchos asumirán que es un hombre entre los 25-55 años, blanco, occidental y de clase media? Todos esos datos se asumen habitualmente de un monigote sin marcador alguno.

Si un dibujante quisiera hablar de la pobreza, probablemente se vería obligado a ponerle algunos marcadores al personaje (barba chivo, ropa rota…), para señalar que es pobre; si quisiera hacerle asiático, probablemente le pondría unas rayas a modo de ojos, porque en occidente esos “ojos rasgados” son el marcador por defecto para asiáticos (eso si no quiere ir en una ruta aún más profunda de racismo y  añadir un sombrero cónico y una trenza).

¿Por qué son necesarios estos marcadores?

Porque, en nuestra sociedad occidental, el ser humano por defecto es: hombre, blanco, de ascendencia europea, moderadamente joven,  de clase media…

Y todos los demás somos alteraciones de ese “ser humano base”. Una subespecie.

Este es algo que encuentro muy problemático en muchos sentidos, ya que la muchos de los marcadores que se usan no solo son poco realistas (¿cuántas mujeres conocéis que lleven habitualmente lacitos?), a menudo, son directamente racistas, sexistas, clasistas, etc.

Voy a poner un ejemplo sobre lo turbio que es el mundo de estos marcadores con un conflicto ocurrido a raíz de la adaptación a imagen real de la serie Avatar (no, el de los pitufos anabolizados, no, dejaremos el racismo de ese para otro día). Cuando se eligieron los actores, ocurrió que todos los papeles principales eran blancos (tras varios “búuuh”, por parte de los fans, uno de ellos se cayó y fue sustituido por el pobre Dev Patel, que se hubiera merecido algo mejor).

Se dieron muchas excusas para que gente blanca europea hiciera el papel de personajes en un mundo asiático-nativo americano, con nombres, leyendas y tradiciones inspiradas en esas culturas y, algunos, con marcadores bastante claros de NO ser blancos como piel morena y narices ligeramente anchas. Ninguna de esas excusas eran válidas, y son aún más absurdas si uno entiende cómo funcionan los marcadores.

Como he dicho arriba, en occidente la gente asiática suele tener, uniformemente, ojos rasgados para definirlos como tales. Sin embargo, en el estilo manga/anime del que la serie Avatar original se inspira, los “ojos grandes y redondos” no implican “ser occidental”, implican “persona joven”, que es lo que eran los personajes principales de la serie, con edades entre los 12 y 17 años.

Existe una larga y triste historia de gente occidental diciendo grandes estupideces al mal interpretar trabajos de otras culturas porque asumen que sus marcadores  son marcadores universales para todo el mundo.

Así que, cuando nos enfrentamos al problema de los marcadores podemos intentar evitar connotaciones que no queremos sencillamente eliminando los marcadores, pero esto nos lleva a un nuevo problema: el de la invisibilidad. Si dibujo una historia muda con un personaje femenino, sin ningún marcador obvio que sea femenino, la mayoría de la gente que lo lea va a asumir que es un hombre, y la presencia femenina de la historia desaparecerá porque la gente no la verá. La gente va a creer que está leyendo la historia de un hombre, y no de una mujer; básicamente, las mujeres no existen en las historias si no las “marcamos” claramente como tales.

De phdcomics.com

Y si la representación de minorías en la sociedad, aún usando marcadores obvios (mirar de nuevo el drama sobre Avatar arriba) ya es mala, ¿cómo lo será si encima no usamos los marcadores?

La solución no es fácil y yo no la tengo, mi filosofía personal al respecto es educarme, reconocer la existencia de estos marcadores y aprender a usarlos con prudencia: evitando los tópicos (con especial atención a aquellos que se han usado y abusado para discriminar e insultar a las minorías) y aprendiendo cómo les gusta a estas minorías verse identificadas, y no imponiéndoles nuestras propias teorías sobre cómo deberían reconocerse. Con el tiempo, espero que no solo nos eduquemos a nosotros sobre cómo estos marcadores están entrelazados en todos los aspectos de prejuicios y discriminación que domina la sociedad, también las personas que vean nuestro trabajo aprendan poco a poco un nuevo lenguaje de símbolos un poco menos problemático.