Pequeño relato 08

[Un nuevo relato corto para practicar. Siguiendo con la serie, toca una escena.]

 

Alguien ha levantado los muertos esa noche en el pueblo

La Noche de los Muertos

Relato: La Noche de los Muertos

Hasta en las horas más oscuras tras el crepúsculo, el cementerio del pueblo parecía un lugar agradable. De hierba lo suficientemente salvaje para que aparecieran pequeñas y tímidas flores, y lo bastante cuidado como para que la gente paseara por allí con comodidad. Los árboles eran esbeltos y antiguos, con ramas altas que permitían ver a lo lejos.

Sin embargo, en aquella noche, algo iba mal. Como hundido tras una niebla opaca, detrás de cada árbol, apenas se podía ver más allá de la distancia de un brazo, había un aura que no pertenecía al lugar, como si un cementerio extraño, fugado de un lugar tenebroso, hubiera reemplazado al antiguo.

Nadie podía explicarse que ocurría y menos aún cuando, de entre aquella niebla oscura, comenzaron a levantarse formas grises, formas muertas, formas que deberían estar quietas, enterradas…

Pero allí estaban, moviéndose, saliendo de detrás de los troncos, sus brazos apenas podían alzarse, sus piernas arrastraban los pies por la tierra, sus cabezas se sacudían, con ojos que miraban a ninguna parte, mientras las bocas de los muertos se abrían con gruñidos que ya no eran humanos.

La gente había percibido lo extraño y desapacible de la noche y pocos permanecían fuera de sus hogares tras la puesta de sol, pero los pocos que aún atendían a sus quehaceres a altas horas, corrieron por las calles del pueblo, desesperados en su búsqueda de refugio de los que habían sido habitantes del cementerio.

Los movimientos de los seres eran torpes, lentos, pesados… pero solo mirarlos evocaba suficiente terror como para que la persona más valiente sintiera la urgencia de huir lejos, más allá incluso de los límites del pueblo, más allá de cualquier refugio cercano. Sentían el impulso de huir de aquel lugar que ya no pertenecía a los seres que poseían un corazón que latía y pulmones que inspiraban aire.

Aquella noche de niebla, los muertos se alzaron, caminaron entre las calles de pueblo, como si el mundo de los vivos les perteneciera ahora. O quizá fuera el mundo de los vivos el que, de alguna forma, había caído en el mundo de la muerte.

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