Pequeño relato 10: El Monstruo

La criatura movió sus largas patas lentamente a través de la pantalla, mientras el aterrorizado joven la observaba, atento a cada uno de sus movimientos, en caso de que necesitara huir.

La araña continuó su camino con la seguridad de quien se sabe invulnerable, indiferente a las miradas que miedo que despertaba a su paso. Sin embargo, en una breve vibración, la criatura sintió sintió el impulso de echar a correr, llegando veloz al mismo espacio que la mano del joven ocupaba.

El joven chilló:

—Iiiiiiiiiiih…

Saltó hacia atrás en su silla, cogió un trozo de papel que dobló en un burdo palo y se abalanzó sobre la criatura.

—Muere, bicho, muere.

Golpeó a la araña con su arma varias veces, se detuvo un momento para verificar su muerte, pero no vio el cadáver por ninguna parte. Confundido, miró a su alrededor, preguntándose si en el impetuoso ataque la criatura no habría salido volando y estaba aún por allí, esperando que se relajara para volver a saltar sobre él.

Un tenue cosquilleo le hizo mirar hacia su mano, aún cerrada en un puño alrededor del papel doblado.

Allí estaba la araña. Con sus largas patas extendidas hacia él desde el papel, tocando su piel, moviéndose con parsimonia, con la seguridad de quien se cree invulnerable.

El joven chilló de nuevo, soltó el papel y sacudió su mano hasta que la araña salió despedida. Corrió fuera de su habitación intentando buscar un arma más destructiva para acabar con la terrorífica criatura. Regresó con un matamoscas, pero, cuando intentó localizar de nuevo a su enemiga, esta no estaba por ninguna parte. Rebuscó entre los libros, entre los muebles y bajo ellos, sobre su ropa y dentro de sus zapatos.

La araña había desaparecido, pero el joven no pudo sentarse en paz porque sabía, de forma instintiva, que la criatura aún estaba por allí, acechando entre las sombras, preparándose para un nuevo ataque en cuanto su mente volviera a caer en una falsa sensación de seguridad.

 

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