Pequeño relato 07

[Un nuevo relato corto para practicar. Siguiendo con la serie, toca diálogos.]

Un comerciante intentando vender

Cuentista

El tono de llamada sonó tres veces en los auriculares.

—¿Sí? —dijo una voz grave.

Néstor cogió aire durante dos segundos y comenzó su pitch.

—Buenos días, señor. ¿Ha sentido cómo la rutina diaria y el aire de la ciudad estropean sus poros? ¿Nota cómo su piel está tensa y áspera y no está seguro de qué hacer para devolverle la tersura de su juventud? No se preocupe, los Laboratorios Efebín han creado mediante una tecnología de última generación una milagrosa crema con base de baba de langosta llamada Langosfi…

—Vete a la mierda, gilipollas.

Oyó el chasquido de un teléfono al colgar en sus auriculares. Sin un parpadeo, en la pantalla del ordenador de su empresa, Néstor marcó «Comunicación con éxito» y, a continuación, la primera casilla debajo de «Razón por la que no se pudo realizar la venta», que solía ser «Precio del artículo demasiado caro», pero Néstor ni siquiera leyó la casilla antes de pinchar a la siguiente llamada.

El tono de llamada sonó seis veces y, automáticamente, el programa saltó a una llamada nueva.

—¿Diga? —dijo una voz femenina y cascada.

—Buenos días, señora. ¿Ha sentido cómo la rutina diaria y el aire de la ciudad estropean sus poros? ¿Nota cómo su piel está tensa y áspera y no está segura de qué hacer para devolverle la tersura de su juventud? No se preocupe, los Laboratorios Efebín han creado mediante una tecnología de última generación una milagrosa crema con base de baba de langosta llamada Langosfina que devolverá a su piel el brillo de la juventud. Es una fórmula exclusiva que no podrá encontrar en ningún otro producto y que le ofrecemos por apenas 30€ dos tarros de 50 ml. Pones esta oferta tan escandalosa porque en Laboratorios Efebín estamos convencidos de su efectividad y que volverá a nosotros a por más.

—Ay, ay, joven… ¿Qué has dicho que es? ¿Una langosta?

—Una crema de rejuvenecimiento, señora, con la última tecnología…

—Ay, no, no, yo ya estoy más allá de la salvación para ser joven… ¿cómo has dicho que se llama? Igual le digo a mi nieta que la busque en la tienda…

—Es una oferta exclusiva, señora, solo puede conseguirla a través de nosotros. Deme su número de tarjeta de crédito y mañana mismo tendrá el producto para usted y su nieta sin coste adicional alguno.

—¿Tarjeta? No, no, no, no puedo darte mi tarjeta, mi nieta ha dicho que no le de la tarjeta a nadie.

—Señora, puedo asegurarle que es una transacción segura, con el envío le llegará un recibo…

—No, no, no, mi nieta ha dicho que me roban.

—Entiendo su preocupación señora, yo también le digo a mi abuela que no abra a desconocidos, pero Laboratorios Efebín garantiza la seguridad de la transacción y, entre nosotros, señora, si tiene sospechas puede llamar a su banco y comprobar que la compra es correcta.

—Ay, ay, chiquillo, ay no sé…

—Es una oferta exclusiva, no se encuentra en ninguna otra parte. Piense lo caras que son otras cremas, nosotros le entregamos dos botes por solo 30…

—Ay, no, no, no… que me lías… que me lías…

Y la anciana colgó.

Néstor bufó. Miró la hora en la esquina del ordenador y se masajeó las sienes. A continuación volvió a marcar las casillas «Comunicación con éxito» y «Precio del artículo demasiado caro» y pasó a la siguiente llamada.

—¿Sí? —otra voz masculina.

—Buenos días, señor. ¿Ha sentido cómo la rutina diaria y el aire de la ciudad estropean sus poros? ¿Nota cómo su piel está tensa y ásp…

—Ay que joderse… Estoy hasta los huevos de llamadas, ¿de dónde habéis sacado este número? Sois una panda de sinvergüenzas, no sé cómo deciros ya que me dejéis en paz, ¡iros a tomar por culo! Tengo una niña pequeña y no puede descansar tranquila por vuestras puñeteras llamadas… Quiero que me desapuntéis inmediatamente de esta lista, o mierda que tengáis…

—¿Entonces no le interesan dos tarros de nueva crema para la piel por 30 euros?

Néstor oyó un largo silencio al otro lado.

—¿Treinta euros…?

—Sí, señor, una crema con una fórmula novedosa desarrollada en exclusiva por el prestigioso Laboratorio Efebín. Dos tarros de 50 ml por solo 30 euros podrían estar mañana a la puerta de su casa sin ningún otro tipo de gasto.

Otro silencio.

—¿Y… qué tengo que hacer?

—Darme un número de tarjeta.

—Mmm, bien, apunta.

Néstor se frotó las manos y sonrió. La esperanza no se perdía hasta que el teléfono no se colgaba.

 

[Basado en hechos reales]

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