#NaNoWriMo 2014 Brujas: Iniciación GÜINARRR y Capítulo 03

Ganadora del NaNoWriMo 2014 8D
Ganadora del NaNoWriMo 2014 8D

[Como podéis ver he cumplido con las 50.000 palabras este año, en total unas 54k, la historia se encuentra a medias, cerca del final pero con detalles con pulir, si los astros se alinean intentaré tenerla terminada para antes de exámenes, aunque sigo sin decidirme qué hacer con esta historia, supongo que añadirla a la lista de proyectos =P

Para celebrar la victoria, subo otro capítulo y a no ser que haya una avalancha de demandas exigiendo más, creo que va a ser el último que voy a subir (capítulos previos, por aquí), tengo más proyectos que ir subiendo (sí, he terminado la primera corrección de Las Montañas de Sangre, pronto más información 8D)]

Brujas: Iniciación

Capítulo 03

Gato Panzarriba podía estar en el centro, pero el lugar era tan minúsculo, tétrico y oscuro que podía haber pasado cien veces por delante y sin tener la más mínima intención de entrar.

En el exterior de la tienda había una mesa con libros usados que vendía más barato que el papel que podían darle para reciclar, por dentro no se veía mucho mejor. Todo eran libros viejos apilados de mala manera en estanterías y esquinas, la iluminación dependía de lo que le llegaba de la calle, más que del par de lámparas medio fundidas que colgaban del techo.

El único cliente cuando Mabel entró era un anciano calvo y arrugado mirando un par de libros, se decidió por uno y echó unas monedas sobre el mostrador.

―Te lo dejo aquí, Dima―dijo, antes de marcharse mientras ojeaba su nuevo libro.

―Bien―respondió una voz sin cuerpo que salía de alguna parte entre las pilas de libros.

Mabel se movió inquieta. Había bajado al centro a comprar el material para clase y, ya que estaba allí, quizá aprender más sobre aquel asunto de ser una bruja. Aunque una parte de ella quería olvidarse de todo, volver a casa y fingir que no había ocurrido absolutamente ningún suceso extraño en su vida en las últimas semanas.

Carraspeó y habló.

―¿Hola?

Vio una cabeza asomar lentamente tras un grueso tomo de una enciclopedia de animales con manchas de humedad. Pertenecía a una mujer mayor, alrededor de la treintena [“mayor”, BITCH], con un espeso pelo negro rizado mal sujeto fuera de su cara con una diadema, portaba un grueso par de gafas de pasta púrpuras sobre una nariz aguileña.

―¿Sí?

―Ah… ayer «vino» a verme una tal Maura y…

―¿Eres la nueva?

―¿Nueva? Sí, supongo. Me llamo Mabel… ¿eres Dima?

―Sí, ahora voy…

La cabeza desapareció y reapareció de nuevo, la mujer salió entre las pilas sacudiéndose el polvo de la ropa. Era bastante bajita y algo regordeta, llevaba un largo pañuelo de colores al cuello y bajo el mismo asomaba una especie de péndulo de cuarzo con decoraciones en plata.

Dima la miró de arriba abajo, su mirada era un cruce entre bibliotecaria estresada y profesora irritable.

―Nunca he entrenado a otra bruja, pero doy clases en la universidad, así que sé tratar con alumnos, solo que me agota la idea de tener que enseñar en mis horas libres también.

Vaya, ¿había acertado las dos cosas? Al menos adivina era, entonces.

―Ya, bueno, no es como si yo lo hubiera pedido…

―Lo sé, no es culpa tuya. Cuando empecé a tener visiones todo me parecía absurdo e incómodo, te acostumbrarás, es parte de la naturaleza humana, con suficiente tiempo todo lo extraordinario se vuelve vulgar. Y las brujas somos humanas, es algo que no debes perder nunca de vista. Muy bien, por donde empiezo… umm, ¿hay algo que quieras saber en concreto?

―¿Qué… qué tengo que hacer?

―¿Te ha dado ya la Matriarca tu misión?

―No, no sé quien es la «matriarca» si quiera.

―Probablemente no la conozcas hasta tu Iniciación, dependiendo de la misión yo te podría ayudar en una dirección o en otra. Supongo que algo de magia sabrás hacer.

―Umm… no…

―Vaya, sí que eres nueva. ¿Te ha explicado Maura lo que es la magia?

―Umm… tampoco…

Dima suspiró, se quitó las gafas y se masajeó una sien.

―De acuerdo, ven, aquí hay un par de sillas, siéntate―detrás del mostrador había unos taburetes de madera, Mabel escogió el que parecía que cogeaba menos―. Existen cientos de formas de explicar qué es la magia, ya que parte inherente de su concepto es que precisamente huye de definiciones; de forma sencilla, es hacer que ocurran cosas aquí según leyes que no pertenecen en este plano de existencia. Hay tres planos: el inferior, el medio y el superior. Lo que hasta hace poco conocías como «mundo real» es el plano del medio, y tiene sus normas, sus «leyes» que es lo que creías todo bueno y razonable hasta hoy, si eres atea. Luego está el plano inferior, tiene unas normas un poco más… blandas, más que leyes son consejos. Y el plano superior, que tiene pocas normas pero son muy rigurosas, ni los dioses pueden torcerlas. Las brujas nos movemos entre los planos medios e inferior, el superior es de propiedad divina y solo podemos meter la patita a través del limbo, y poco más. Y lo más importante para que la magia ocurra es: todos los planos están relacionados, lo que ocurre en uno puede afectar a otro, y viceversa. La magia es usar las normas del plano inferior para que ocurran cosas en este. Especialmente útil cuando las leyes de este plano no te dejan.

―Ah… ¿y cómo se hace, exactamente? Como… transformar a alguien en, no sé, ¿un lagarto?

―Específicamente, con práctica. Parte de la naturaleza de las brujas es que somos buenos puentes entre esos dos planos, ¿sabes lo que son conductores en la electricidad?, algo así, pero entre planos; por eso podemos hacer magia y tenemos poderes que la mayoría de personas carecen, pero aún así necesitamos trabajar esta habilidad y aprender a controlarla, por eso se suele empezar con hechizos y amuletos y cosas así. Son como mapas para que no te pierdas, canalizan el poder de manera controlada. Si quieres transformar a alguien primero tienes que entender cómo lo harías en el plano inferior y luego usar tu… conductividad en hacerlo real aquí (o una ilusión, que son más fáciles, la verdad, y a menudo el resultado es el mismo). Cuando no sabes, usa los hechizos o conjuros que se han usado antes, es mejor para las novatas empezar así, aunque los hechizos de otros no siempre funcionan bien porque en el fondo la magia tiene mucho de personal, por eso las buenas brujas hacen las cosas a su manera… ¿Estas entendiendo lo que digo?

―La verdad… creo que sí. Pero voy a ser sincera, me cuesta asimilar lo que está pasando, aún no estoy segura que no esté sufriendo algún tipo de alucinación.

―Ya… ¿te ha dicho Maura todo eso de que las cosas se entienden mejor con el tiempo?

―Eh… sí…

―Bien, pues voy a dejar que vayas pensando lo que he dicho―se puso en pie y sacó un teléfono móvil del un bolsillo de su camisa―. Si quieres verme estaré por aquí casi todas las tardes. Te dejaré mi primer cuaderno de hechizos, es el que copié de mi propia instructora, puedes leer mis notas tranquilamente en tu casa, si te hace sentir más cómoda, y practica algún hechizo simple si estás de humor.

Vio a Dima moverse hacia la trastienda y regresar con un sobadísimo cuaderno rosa con Minnie Mouse en la portada. Mabel parpadeó cuando vio que se lo tendía.

―Eh…

―¿Qué pasa?

―¿Es el cuaderno de hechizos?

―Sí, mi primer cuaderno.

―Pensaba que sería algo así como un libro antiguo, con dibujos raros…

Dima bufó.

―Los grimorios antiguos solo los puedes leer cuando seas mayor, confórmate con este.

―¿Por qué? ¿Pasa algo raro si leo otros?

―No, pero… a ver cómo te lo explico, ¿estás estudiando?, ¿qué exactamente?

―Química…

―Bien, ¿qué pasaría si le dieras a alguien que acaba de salir de su primera clase de química un libro avanzado?

―Que no entendería nada.

―Exacto, eso es lo que pasaría, no quieras volar cuando no sabes correr, o gatear, diría. Minnie Mouse es lo que te toca y da gracias, mis apuntes son estupendos. Mi letra es preciosa.

Mabel suspiró y asintió. Casi empezaba a emocionarse con la idea de ser bruja y hacer magia, quizá convertir a Sebas el Gilipollas en un lagarto, pero se preguntaba qué fascinantes conocimientos mágicos podría darle de un cuadernillo tan… mundano.

―Has dicho que das clases, ¿de qué?

―Soy Doctora en Historia, mi campo es la Baja Edad Media Europea con una especialización en manuscritos místicos y alquímicos. Doy algunas clases en la Universidad y tengo esta tiendecita de segunda mano que me ayuda a cubrir algunos vicios.

―¿Qué vicios?

―Libros raros.

―Oh, interesante.

Dima sonrió.

―Mmm, no me mires así, conozco esa mirada, todos los zoquetes de mis alumnos la tienen. Este es un campo apasionante si sabes buscar bien…―se llevó una mano al péndulo del cuello― Y tú pronto aprenderás, no te quedará más remedio…

Estaba empezando a oscurecer fuera y, por tanto, a ser casi de noche dentro de la tienda.

―Creo que debería irme, tengo cosas que comprar aún… ¿Vendes libros de ciencias?

―Sí, hay un par de pilas en la entrada, mira lo que quieras.

―Gracias.

Mabel revisó los libros y encontró uno que le hacía falta, la edición era vieja, pero podría sacar fotocopias de los cambios en ediciones recientes si era necesario, saldría más barato que comprar el libro nuevo.

Fue a sacar el dinero de la cartera y volvió a mirar alrededor de la tienda. Bien organizada y con una limpieza a fondo podría ser una librería bastante cuca, ¿y qué misterios podría haber escondidos entre aquellos libros? ¿Guardaría allí también Dima sus tomos de magia? ¿Qué cosas encontraría en ellos? ¿Hasta dónde podría llegar con la magia? ¿Qué podría hacer?

Dejó el dinero y se despidió, todo le estaba resultando un poco incómodo, su instructora había regresado a su puesto tras una pila de libros y sacudió un brazo en el aire como saludo.

Camino a casa, entró en otra tienda y se compró un bonito cuaderno decorado. Había revisado por encima los apuntes de Dima y, aunque tenía una letra bonita y ordenada, decidió que los pasaría a limpio bajo su propio puño y letra. Quizá así comprendía mejor qué era aquella magia.

Intentó recordar la conversación con Mabel, lo que le había dicho sobre planos inferiores y superiores sonaba demasiado a programas raros de alienígenas como para tomárselos en serio, pero tenían tanto sentido desde el punto de vista de una lógica que ella podía entender como cualquier otra respuesta, así que decidió que, por el momento, seguiría asumiendo que era algo real y vería a donde le llevaba todo aquel asunto.

Al llegar a casa, decidió dejar los asuntos mágicos para la noche, sus prioridades eran sus prioridades y lo primero era la universidad. Sacó las lecciones que habían dado aquel día, muy básicas y sin nada nuevo que no hubiera dado en el instituto, pero tenía ganas de empezar a estudiar pronto, especialmente si podía sufrir extraños imprevistos en adelante. Preparó las lecciones que tocarían al día siguiente y revisó su agenda. Las mañanas de los viernes estaban libres aquella evaluación, podría aprovecharlas en asuntos mágicos.

Constantino vino a verla a su escritorio y se paseó entre sus patas.

―¿Quieres dar un paseo? ¿Es la hora de salir?

El perro la miró y sacó la lengua.

―Muy bien, vamos.

Se puso una chaqueta, cogió el móvil y unas llaves, y la correa de Constantino y salieron.

No había mucha gente en el pequeño parque de su aquella a esas horas, empezaba a refrescar y oscurecer, así que la mayoría de padres con niños habían regresado ya a sus casas.

Mabel soltó la correa de Constantino, para que se moviera a su aire, pocas veces marchaba lejos, de todas formas. Tenía una rutina de olisquear ciertas farolas en cierto orden y mearse en las esquinas de parterres muy concretos. Mientras, ella miraba sus mensajes de móvil. Había intercambiado su teléfono con Nico aquella misma mañana, quería esperar a enviarle un primer mensaje, para evitar parecer muy desesperada ya que se veían todos los días, no había prisa, pero Nico ya le había enviado uno aquella misma tarde, preguntando por un libro que era incapaz de encontrar.

No pudo evitar sonreír para sí, estaba segura que el chico se había fijado en ella, y era simpático, no tenía el físico de Diego, pero tampoco estaba mal, era mono y le gustaba hablar con él, quizá con un poco de suerte tendría un novio decente para fin de año y se olvidaría de sus absurdos sentimientos por Diego.

Oyó a Constantino ladrar y, al levantal la cabeza del teléfono, vio al Espectro al final del parque, frente a una estrecha callejuela. El perro salió corriendo en aquella dirección.

―¡No! ¡Costan! ¡Ven aquí!—gritó alarmada.

Salió corriendo tras él, aquel comportamiento era muy raro. El Espectro se movió, desapareciendo entre las sombras de la callejuela. Le oyó reirse y se le pusieron los pelos de punta, corrió más rápido.

Al llegar a la entrada de aquella calle, quedó un momento paralizada por la poca luz y porque no veía donde estaba Constantino. ¿Se lo habían llevado? ¿El Espectro se había llevado a su perro?

Cuando sus ojos se ajustaron a la luz vio una figura inclinada en una esquina, cerca de donde la calle se convertía en una carretera, un coche la iluminó mejor un momento y pudo ver que era un chico y que tenía a su perro con él.

Aliviada, se acercó hasta él. Constantino movía el rabo y enseñaba la lengua, el extraño le acariciaba la cabeza, los dos parecían tranquilos.

«Claro, puede que ese Espectro solo lo vea yo…»

El chico parecía normal, rondaría la veintena y llevaba el pelo oscuro bastante corto, pero se dio cuenta que tenía una marca en la frente. La marca era algunas líneas abstractas que no entendía y parecían continuar desde su frente hasta su pelo, un tatuaje, hecho con un trazo fino e irregular, como los tatuajes cutres baratos que un amigote te hace en su casa…

«…o en la cárcel».

Detuvo un momento su avance, dándose cuenta lo oscura y solitaria que era aquella callejuela y considerando qué clase de persona se tatuaba la cara.

El extraño levantó la vista hacia ella, su expresión cambió de tranquila a mostrar cierta irritación.

―Los perros deberían ir con correa en la calle.

Mabel dio un respingo.

―Bueno, suelo llevarle así, pero estaba en el parque, nunca echa a correr por ahí…

Se agachó inmediatamente para atársela otra vez. Al levantarse se dio cuenta que el chico no era mucho más alto que ella, era un tanto fornido y le faltaba un brazo.

Parpadeó y desvió la vista, lo único que le falta era que encima le llamara maleducada por quedarse mirándole.

―Pues hoy a echado a correr, y hubiera podido saltar a la carretera, hay que tener cuidado.

―Sí, lo siento, muchas gracias. Hasta luego.

Dio un pequeño tirón a la correa de Constantino, que parecía insistir en quedarse olfateando al desconocido y luego regresó a casa.

―Te agradecería que al menos tú no me metas en líos, ya tengo bastantes―le susurró, pero el perro no parecía nada preocupado por su intento de escapada.

2 comentarios en “#NaNoWriMo 2014 Brujas: Iniciación GÜINARRR y Capítulo 03

  1. Hola, andaba leyendo tu novela y de verdad me parece muy interesante. Tienes que subir mas capítulos, te lo imploro 🙏 no me puedes dejar asi de picada, en serio me enganchó

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