#NaNoWriMo 2014 Brujas: Iniciación Capítulo 01

[Hola. Estoy teniendo un buen número en el NaNoWriMo, ahora mismo voy por las 13.000 palabras. Subo el que sería primer capítulo (o prólogo, no estoy segura) de la novela. En adelante quizá suba alguna cosilla más. Cualquier comentario sería muy bienvenido =P, especialmente cuando mi idea exacta de lo que quiero hacer con esta historia es muy tenue xD]

Brujas: Iniciación

Capítulo 01

Era la media hora de las lentas, Mabel abandonó la pista y corrió a la barra a por otra bebida. Aquel día celebraba que por fin podía beber legalmente y que en unos días empezaría la universidad, pero sentía pocas ganas de fiesta.

La barra tenía cristales por todas partes y podía ver los bailarines tras ella, mientras el camarero la servía, Diego y Desiré se hacían carantoñas, eran una pareja tan adorable que le provocaban náuseas y la mayor sensación de inutilidad de su vida. Ella misma había hecho que se conocieran, era su culpa.

Centro su atención en la copa mientras Elena vino a hacerle compañía en la barra.

―El único tío que me ha entrado en toda la noche estoy segura que tiene mínimo treinta años y usa peluquín. Así no hay manera de que te saquen a bailar un lento. ¿Dónde se han metido los chicos monos hoy?

Mabel respondió con un monosílabo, no escuchaba bien a su amiga, toda su concentración estaba en el líquido de su vaso, que iba descendiendo rápidamente, y en no mirar al espejo.

En el último trago, tiró la cabeza hacia atrás para vaciar todo el contenido de la bebida y descubrió que la barra tenía otro espejo. Lo observó horrorizada durante unos minutos, incapaz de casar la imagen del monstruo que reflejaba con la suya propia, pero era ella.

El maquillaje estaba completamente corrido, su peinado se había ido a la porra, el pelo negro la hacía parecer más pálida y vieja de lo que era, lo que estaba bien para colarse en bares siendo menor de edad, pero ya no tenía aquella excusa y, lo peor, su marrón natural asomaba en feas raíces que no se había dado cuenta que estaban allí antes. Parecía una bruja, un personaje de una película de terror.

Normal que Diego no se hubiera fijado en ella, era un desastre.

Estaba a punto de echarse a llorar.

Dio un codazo a Elena.

―Empiezo a marearme, ¿te parece bien que nos vayamos yendo a casa ya?

―Vale, está un poco aburrido hoy a esta hora. Voy a avisar a Desiré y los demás.

Elena saltó de su banqueta y vio cómo se alejaba, era alta y oronda, llamaba la atención, también era encantadora, cariñosa, tranquila y tenía sentido del humor. A Mabel le hubiera gustado tener un poco de su carisma, se sentía como una insípida patata cocida en aquel momento.

Recogió su chaqueta y bolsos de la puerta y esperó a sus compañeros en la salida.

Había sido una fiesta de cumpleaños bastante divertida, le habían regalado unas botas que quería, habían cenado bien y habían visitado una de las salas de fiesta de moda, esas donde tenía que pagar entrada y había tipos enormes en la puerta vigilando que no se colaran menores, mejor que los bares cutres que solían frecuentar. Una forma de celebrar que era adulta, al menos, según su carnet.

Si no hubiera estado triste por otras razones, hubiera sido una fiesta memorable.

«Aún puede serlo».

Miró a su alrededor, confusa, ¿había hablado alguien? Mucha gente estaba en la calle, esperando, como ella, o fumando. Se desequilibraba un poco por el alcohol, pero aún podía andar razonablemente bien.

Sus amigos salieron y Elena se enganchó inmediatamente a su brazo, compartían camino un buen trecho. El resto se separarían allí, todos se acercaron a despedirse de ella y felicitarle de nuevo.

Diego estaba guapísimo y absolutamente no borracho. Era un chico alto, de buenas espaldas y sonrisa arrebatadora. Le había conocido desde que eran críos, vivía en el pueblo de sus padres, que visitaba en verano, en aquel entonces no era más que un niño inquieto que no se despegaba de su pelota de fútbol. En un momento un ojeador le vio y le ofreció venirse a un equipo de la ciudad, había estado dando buenos resultados y hasta había conseguido una beca completa de estudios, tenía ya un piso y un coche y todo le iba repugnantemente bien.

Cuando vino a la ciudad, sus padres insistieron que fuera al instituto de Mabel, ya que era la única persona que conocería allí y, durante un tiempo, Diego no se separaba de ella, no estaba acostumbrado a institutos grandes. Lamentablemente, por aquel entonces ella tenía novio, Sebas el Gilipollas, Mabel aún tenía problemas entendiendo cómo había podido salir con aquel tipo cuando tenía al fantástico Diego completamente pegado a sus talones, pero había sido tonta y ciega y había perdido su oportunidad.

Desiré era una buena amiga, de las que siempre estaban ahí y decían cosas amables que nadie más decía; tenía un tipo estupendo, pelo rubio rizado perfectamente natural y grandes ojos oscuros como los de un cervatillo, era preciosa.

«Mucho más guapa que tú. Aunque hubieras dejado a Sebas y salido con Diego te hubiera dejado en seguida por ella, nunca hubieras tenido una oportunidad».

Mabel volvió a mirar a su alrededor, ¿estaba oyendo voces?, ¿se había pasado con las copas? No le habrían echado algo en la bebida, ¿verdad?

Diego y Desiré se fueron en coche, otros amigos vivían en otro lado de la ciudad y decidieron esperar y compartir un taxi. Elena y ella se alejaron en dirección a la estación de autobuses cercana.

Mabel seguía mirando distraída a su alrededor, aún incómoda por aquella voz.

―¿Dónde vas? ¿Tan borracha estás que se te ha olvidado dónde está el autobús?—Elena tiró de ella, se había quedado parada sin darse cuenta.

―No, es que me había parecido que me llamaban.

―Vamos, el nocturno solo pasa cada hora y necesito meter los pies en hielo, estos tacones deberían aparecer en un listado de herramientas de torturas.

―Te dije que no compraras los baratos.

―¡Claro! Como me salen billetes de las orejas puedo gastarme un pastizal en zapatos de fiesta.

Subieron a un autobús lleno de gente bulliciosa, Elena se abrió paso a codazos y las dos consiguieron sitios donde sentarse. Su compañera enseguida comenzó a amodorrarse, dejando a Mabel sola con su propia miseria.

Puede que la voz tuviera razón, aquella noche parecía una bruja, las brujas no se quedan con los príncipes, los chicos estupendos como Diego se los llevan princesas encantadoras y adorables como Desiré. Ahora los dos se irían a vivir juntos, estudiarían en la misma universidad y tenían por delante toda una vida feliz. Y todo gracias a ella, la bruja del cuento.

Cuando llegaron a su parada, bajaron y Elena le dio un abrazo de despedida.

―Feliz cumpleaños, otra vez. ¿Te lo has pasado bien? Espero que las botas te valgan, ni Desiré, ni yo nos acordábamos de tu  número.

―Sí, muy bien, me ha gustado ese helado enorme, solo me da pena no habérmelo terminado. Oh, y las botas son de mi talla, gracias.

―Uuhh… ¿seguro qué estás bien? Te he visto un poco tensa.

―Sí, bien, es la universidad y todo eso… estoy un poco nerviosa, ya sabes…

―Sí, ya sé, deberías aprender a relajarte o te saldrá una úlcera la primera semana. Ahora vete a casa a relajarte haciendo un programa de estudios, o algo así…

Elena soltó una carcajada, pero Mabel se le quedó mirando con una sonrisa.

―En realidad ya lo tengo hecho, tengo los horarios de clase desde el junio y ya he programado las horas de estudio por la tarde…

―Estás loca, tía. ¿Salieron los horarios en junio? Ni siquiera sé cuándo tengo mi primera clase.

―Pues…

―No, no, déjalo, estoy muy borracha, no quiero empezar a hablar de estudios a estas horas. Buenas noches, que duermas bien, guapa.

Vio a Elena alejarse dando algunos pequeños tumbos, se preguntó si estaría bien, pero, al darse la vuelta, ella también sufrió un ligero mareo. Sería mejor que se diera prisa por volver a casa.

Las calles estaban bien iluminadas y eran amplias, pero apenas había nadie. Abandonada por su última compañera, Mabel se sumió aún más en su tristeza, dejando que la dominara hasta que empezó a sentir las lágrimas acumulándose en sus ojos. Se sentía muy sola.

Había perdido a Diego, sentía que le había fallado de alguna forma, si hubiera sido mejor amiga con él quizá se hubiera dado cuenta de lo que pasaba y él no se hubiera fijado en otra. Y había perdido a Desiré también, apenas salían ya juntas salvo en momentos especiales, habían sido muy buenas amigas, antes de aparecer Diego, hacían un grupo muy divertido. ¿Con quién iba a desbarrar sobre sus miedos y ansiedades? Solo le quedaba Elena, a la que apreciaba mucho, pero la pérdida de su otra amiga iba a dolerle igual.

Llegó a un cruce de carreteras, no se había encontrado con un alma desde la parada del autobús. Se enjuagó los ojos y se dio cuenta que había una estatua en lo alto de uno de los edificios, ¿había visto esa estatua antes? No se acordaba, parecía una especie de diosa griega.

Fue a cruzar la carretera y oyó unas risas, al girarse para oír ver de dónde venían vio un coche acercándose a toda velocidad hacia ella. Le miró con el corazón en un puño, sin saber si avanzar hacia delante o hacia atrás, pero, entonces, todo el mundo empezó a ir más despacio. Todo. El mundo al completo. Había una película frente a sus ojos que no sabía si eran más lágrimas u otra cosa, dio algunos pasos hacia la acera y el mundo se puso en marcha otra vez. Oyó el chirrido de unos frenos y el coche se detuvo a varios metros, saliendo del mismo un tipo con barba y pálido como un muerto.

―Ah… joder, ah… ¿Estás bien? No te había visto. ¿Estás bien?

¿Bien? Estaba mareada y confundida hasta ser incapaz de hablar. Decidió echarle la culpa de todo al alcohol e intentó decir algo.

―Sí… bien.

―Buf, me alegro, qué susto. Bueno, adiós.

El tipo se metió en el coche, aliviado porque aquella noche no había matado a nadie aún, y se largó de allí tan rápido como pudo.

Mabel quedó un momento donde estaba. El cruce seguía vacío, solo ella permanecía allí. No se veía un alma por ninguno de los accesos.

Continuó avanzando en dirección a su casa, tras un par de pasos sintió que su mareo se intensificaba y se apartó a una callejuela a vomitar todo lo que llevaba en el estómago.

«Soy un desastre» se dijo, mirando el repugnante charco que había sido parte de su cena.

«¿Y si no lo fueras? ¿Y si pudieras ser más guapa? ¿Y si pudieras apartar a Desiré de Diego? ¿Y si pudieras hacer que se volviera loco por ti?»

Se levantó de golpe, con tanto ímpetu que tuvo que apoyarse en una pared para no caer. ¿Qué había sido aquella voz? No podía culpar la borrachera, el alcohol no hacía aquellas cosas.

Se asomó a la calle de nuevo, había una figura en el cruce. Vestía de negro de la cabeza a los pies, con una capucha y puede que una capa, nada más era distinguible salvo una máscara plateada que parecía de un perro.

Mabel dio algunos pasos hacia atrás, ¿quién era aquella persona y por qué vestía de forma tan extraña?

La figura rió y el sonido parecía venir de todas partes, avanzó hacia delante, sin que pudiera ver sus piernas asomando entre la ropa negra y Mabel echó a correr sin pensárselo.

Fuera lo que fuera, aquella persona le daba pánico y no se iba a quedar averiguar quién era.

Alcanzó una gran avenida donde había aún un par de bares abiertos y gente hablando. Aliviada, echó la vista atrás, pero la figura había desaparecido.

Un bromista, lo más probable. Aunque no explicaba las voces…

Su cerebro funcionaba con demasiada lentitud como para intentar hacer suposiciones, estaba también demasiado cansada y triste como para enfrentarse a más problemas. Caminó con rapidez los últimos metros a su casa mientras luchaba por no pensar en nada.

Al llegar, se deshizo como pudo de su ropa de fiesta, las medias tenían una carrera que no sabía cuándo se había hecho y su cara no era tan horrible como la que había visto en la barra de la sala de fiestas, pero tampoco se veía bien. La culpa era del pelo. Quizá debiera llamar a su prima, que estudiaba peluquería, a ver si le hacía algún apaño. Ya había probado el rubio y el moreno, igual debería volver a su pelo natural después, pero con un corte diferente, un flequillo… unas mechas de colores…

Se metió en la cama y apagó la luz, pensando en un nuevo look, uno que no le hiciera parecer una bruja. Era mejor que pensar en el resto de preocupaciones que la acosaban.

«En los cuentos las brujas no acaban con los príncipes. El cuento se acabó y ahora Diego y Desiré serán felices y comerán perdices y yo a joderme», pensó.

Su mente, entumecida por el alcohol, comenzó a caer en un pesado sopor, pero no sin antes tener otra oportunidad de oír de nuevo la extraña voz.

«Aún no, tonta, el cuento aún no se ha terminado. El cuento apenas acaba de comenzar…»

2 comentarios en “#NaNoWriMo 2014 Brujas: Iniciación Capítulo 01

  1. Me ha gustado mucho, la historia promete ser interesante,la lucha interna de la protagonista entre sus deseos y lo correcto. Tu estilo de escritura, de los de leer un capítulo tras otro sin darse cuenta del tiempo que pasa 🙂

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