Mis dos elementos clave para terminar un manuscrito

Ya he mencionado antes que, a veces, me llegan mensajes de correo de personas que escriben y  la pregunta que más repiten es: ¿cómo terminar una novela? Ya sea una que han dejado inacabada hace años, algo que están escribiendo en ese momento o una idea de una historia que ronda su cabeza. La cuestión es que mucha gente parece esperar que el truco se encuentre en recuperar una motivación perdida, o giro argumental en su novela, que yo les puedo dar como si fuera guardiana de algún secreto místico sobre finales. Y, con mucha tristeza por mi parte, no tengo ese secreto místico, lo siento (y no sabéis lo que me apena también 🙁 ).

La realidad en mi caso, es más simple y, al mismo tiempo, un tanto compleja, porque solo hay dos elementos que me parecen imprescindibles para llegar con éxito al final de un manuscrito y son:  la organización y la planificación. Hasta hoy puede que haya usado los dos términos indistintamente en el bloj, pero creo que vale la pena hace una diferencia entre ambos de ahora en adelante:

  • Organización: hace referencia a cómo nos organizamos en nuestra vida en general para llevar a cabo nuestro trabajo de escribir: las horas que dedicamos, el momento del día… y está relacionado con otros factores que nos influyen y que nada tienen que ver con la historia que intentamos escribir: como el trabajo, la vida social (los que tengan 8D), los estudios, etc. Buscar un espacio en nuestra vida que dedicar, no solo a la parte dura de escribir, si no también a documentarse, planificar (que ahora explico), estudiar de otros textos… Todo esto conlleva tiempo, tiempo debemos considerar a la hora de organizar el trabajo de nuestra novela, para que esta llegue a buen puerto.
  • Planificación: la planificación hace referencia al desarrollo de la novela: el inicio, nudo y desenlace. No todo el mundo que se sienta a escribir su historia tiene una idea clara de lo que va a hacer de principio a fin, hay gente que puede enfrentarse a su novela así con éxito, pero no es frecuente. La mayoría de las veces, cuánto más claro tengamos la dirección de nuestra historia, mayores serán las posibilidades de acabarla. La planificación así es: el orden interno de la historia, los acontecimientos de la misma y cómo se relacionan (las transiciones entre escena y escena son donde, al menos yo personalmente, me doy de golpes contra la pared a la hora de resolver bien).

Como podéis ver, estos dos elementos son bastante de cajón y nada místicos, para mí no se necesita nada más para llegar al final de una historia, no importa los millones de capítulos que tenga, si estos dos elementos se combinan con salud, se podrá terminar. Por supuesto, también he mencionado que es complejo, porque dependiendo mucho de las circunstancias de cada persona, ser capaz de organizar y planificar una novela de forma adecuada puede ser un quebradero de cabeza. Creo que me gustaría tocar más este tema, le dedicaré algunas entradas más adelante si os parece bien :).

Cuando empecé a escribir, lo único que quería era sentarme a sacar de mi cabeza todas esas ideas que tenía metidas y darles forma de una novela (o un cómic, a veces), con el tiempo me he dado cuenta que si lo que quiero es, no es solo escribirlo, si no terminar lo que escribo de forma coherente, imprescindible si quiero llevar mis textos a un círculo más amplio que el de mi madre y mis peluches (son majísimos, oiga), la organización y la planificación son mis armas principales.

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