Ejercicio de Escritura 1: Secretos

[En mi determinada búsqueda por vigorizar y pulir mi prosa para desarrollar un estilo atractivo y profesional, con lazos y una piruleta; voy a hacer ejercicios.

He estado mirando algunas clases de escritura creativa, pero soy pobre (y se ha terminado el plazo para apuntarse en las que daban en mi pueblo). Así que voy a hacerlo como se hace todo en internés, a lo gratis. He buscado varias páginas con ejercicios, ideas, trucos y lo que se cruce en general, y cada x tiempo iré haciendo varios.

El ejercicio de hoy, lo he sacado de aquí: http://www.writingforward.com/exercises/fiction-writing-exercises/top-secret-fiction-writing-exercises ]

Secreto

Elías tenía un hambre atroz, sus tripas gruñían y se retorcían, si sus padres tardaban un poco más, empezaría a merendarse el banco sobre el que estaba sentado. La sociedad no es consciente del peligro que supone un adolescente hambriento para el mobiliario urbano.

Batió palmas, movió los pies y cambió la mochila de posición. Había pasado un mes de colonias y tenía ganas de volver a ver a su familia. Y de comer, pero primero su familia. Igual.

Vio el viejo trasto verde de su madre aparecer tras un curva y detenerse en seco frente a la parada del autobús. Su madre sacaba una mano por la ventanilla, saludándole, mientras con la otra intentaba apagar el motor, quitarse el cinturón de seguridad y abrir la puerta al mismo tiempo.

-¡Eli, mi niño! ¿Cómo estás?

Su madre casi saltó del otro lado de la carretera hacia él para abrazarle. Su padre venía detrás, con su hermana Eva de la mano.

Se dejó querer un poco por sus padres hasta que decidió que ya era demasiado mayor para aquellas tonterías e intentó separarse de ellos.

Aunque Eva se quedó al margen.

Tenía 8 años y le miraba muy seria, como cuando estaba enfadada con él porque no le dejaba jugar con la consola.

-¡Eh, Eva! ¿No me dices hola?-le preguntó, pasándole cariñosamente la mano por la cabeza.

-Hola-respondió la niña sin ningún entusiasmo.

Elías levantó la cabeza con curiosidad, mirando a sus padres y esperando que ellos le dijeran porqué su hermana se comportaba de una manera tan rara. Sus padres le miraron un rato muy largo, pero no dijeron nada al respecto.

-¿Y qué?, ¿os han alimentado bien allí?-comenzó de nuevo su padre tras el extraño silencio- ¿Vienes con hambre?

-¡Joder que sí!

-¡Eli!

-Quiero decir… jopé, sí, tengo hambre.

-¿Qué te parece si vamos al Burguer del centro comercial y pides una de las gigantes con queso?

Elías abrió los ojos como platos.

-¡Vale, vale!, y una fuente de patatas con salsa barbacoa también.

-Lo que quieras, hoy pides tú.

-¡Cojo… guay!

Agarró la pesada mochila y se echó al hombro para dirigirse corriendo al coche. La idea de comer había desviado radicalmente su atención de su hermana, pero al sentarse en el coche y mirar a su lado, notó que estaba arrinconada en su esquina, ignorándole con la cabeza metida en su consola portátil.

No es que Eva no tuviera la costumbre de ignorarle cuando jugaba, pero no después de no haberse visto un mes. Además, por la expresión de su cara estaba claro que algo la reconcomía, aún no sabía mentir con convicción.

-Oye, ¿qué le pasa a Eva?-susurró mientras se inclinaba hacia los asientos de delante, esperando que el ruido del coche en marcha tapara lo que decía.

Su padre se volvió un momento.

-Déjala ahora, ya te lo dirá más tarde.

-¿Vosotros sabéis algo?, ¿por qué está enfadada?

Su padre sonrió y vio a su madre mirándole un segundo a través del espejo retrovisor.

-Déjala.

Elías volvió a echarse pesadamente hacia atrás, algo preocupado.

¿Le había devuelto la película de La Sirenita verdad? Tuvo que escondérsela porque estaba hasta las narices de verla, podía ponerla hasta tres veces seguidas y encima acaparaba su consola porque la televisión del salón no tenía DVD y su madre trabajaba con el ordenador. Estaba seguro que le había devuelto la dichosa película antes de irse.

Igual había descubierto que fue su hámster Lelo el que se había comido medio vestido de su Barbie Princesa. Aunque si era aquello, no entendía a cuento de qué sus padres estuvieran tan misteriosos…

De golpe se quedó pálido. Su amigo Raúl le pasó hacia tiempo una peli guarra que se había bajado, le había parecido una asquerosidad y en cuanto la sacó de la consola la tiró a la basura… o igual no… ¿qué hizo con el CD aquél?

En su cabeza tuvo horrendas visiones en las que confundía la peli porno con La Sirenita. No podía ser posible que confundiera algo así, pero la idea le asustaba tanto que se quedó sin habla el resto del viaje hasta los grandes almacenes.

En el Burguer sus padres se mostraban alegres, le animaban a pedir cosas, el pobre niño, igual se moría de inanición. Elías decidió que no podía ser el asunto de la peli porno, porque sus padres le hubieran arrancado la cabeza nada más verle, en vez de dejarle comer lo que quisiera.

Tendría que ser otra cosa, y posiblemente una tontería. Eva solo era una cría después de todo, a saber porqué chorrada se habría cabreado con él ahora.

Trajeron las bandejas con la comida, y  su hermana volvió a pasar a un segundo plano. Carne, mayonesa, patatas y salsa barbacoa; era lo único que existía en aquel momento en el universo.

Solo a veces, miraba a su derecha y veía la carita seria y silenciosa de Eva, que observaba fijamente su bocadillo con muy pocas ganas de comérselo.

¿No se quedaría más a gusto si le decía ya lo que pasaba?

-Dime, Eli, ¿fuisteis a la playa?

-Sí, estaba muy cerca del campamento, fuimos dos veces, aunque un día estaba todo nublado.

-Vaya, qué pena…

-No, da igual, no hacía mucho frío y nos enseñaron a hacer surf, aunque yo lo único que sabía hacer era flotar sobre la tabla.

Todos se rieron, menos Eva.

-¿Ya le has llamado a tu amigo Raúl?, me lo he cruzado un par de veces por la calle y me pregunta por ti.

-Bah, luego le llamo-dijo rebañando con la última patata la salsa barbacoa-. Le envié una postal con un burro, le dije que era un espejo… También le envié una a la abuela, ¿la ha recibido?

-Sí, pero no entiende porqué es un burro y dice que no encuentra el espejo.

-¿Qué?

-Es broma, le llegó la semana pasada, estaba muy contenta, creo que se la enseñó a toda la frutería.

-Solo era el dibujo de unas flores y un saludo.

-¿Y qué?, a tu abuela le hicieron ilusión.

Gruñó. ¿Por qué tenía que andar enseñando por ahí esas cosas la gente mayor?

-Eh, ¿y si ahora vamos a por un helado?, ¿quieres un helado Eva?

Miró a su hermana, pero no dijo nada. Aquello podía elevarse ya a código rojo, su hermana no corría a buscar sitio en la heladería, algo horrible sucedía.

-Muy bien, pero ¿ya podrás con un helado después de como te has puesto?

-Oh, sí, sí-recalcó sus palabras asintiendo con tal vigor que parecía que tenía un muelle en vez de cuello.

-¿De chocolate lo quieres?

-Sí, pide del que echan chocolate caliente por encima también.

-Chocolate con chocolate… qué original.

Sonrió. Le encantaban aquellos helados, estaban riquísimos, le gustaría tener mofletes como su hámster y tener espacio para poder comer más y más rápido. Claro que, siendo un helado, igual se le congelaban los lados de la cara, sería un tanto ridículo.

-¿Cómo está Lelo?, ¿le habéis dado bien de comer?

Su padre regresaba del mostrador con dos helados, los dejó sobre la mesa, mirando a su madre y volvió al mostrador para recoger los otros dos que esperaban. Su madre se rascó el brazo y miró a su hija.

Eva tenía unos ojos abiertos como platos, y se estaba poniendo roja. Estaba a punto de estallar por algún sitio.

Oh, así que eso era.

-¿Te has olvidado de darle de comer a Lelo, Eva?

La niña negó con la cabeza y comenzó a gimotear.

Su madre suspiró.

-Vale, está bien, atiende Eli, tu hámster está muerto. Lo sentimos mucho.

Se quedó un segundo anonadado, antes de empezar a gimotear él también.

-Pe… pero… ¿cómo…? ¿qué le habéis hecho?

Eva empezó a llorar desconsoladamente, su madre le pasó la mano por la cabeza.

-Fue un accidente, ¿verdad, Eva?, dile lo que pasó.

-¡No!

-Eva…

Parecía que la niña iba a ponerse a llorar de nuevo, pero cogiendo carrerilla lo confesó todo.

-Dejé la puerta de la caja mal cerrada, se escapó y lo pillé contra la puerta de la habitación, ¡¿vale?!

A continuación, su tarrina de helado salió volando hacia el otro lado de la mesa cuando cruzó ambos brazos sobre la misma y hundió la cabeza entre ellos.

Elías miraba la cuchara de plástico hundida en la tarrina. Triste y confundido.

Aquello sonaba terriblemente mal, su pobre Lelo, le había dejado mientras se comía una uva, uno de sus dulces favoritos, y le había prometido que a la vuelta le daría otra.

Ahora ya no podría porque estaba muerto. Su hermanita pequeña le había aplastado con una puerta.

¡Qué… mal!

Eva seguía llorando, mientras su madre intentaba inútilmente distraerla con el helado.

Imaginó lo que sería descubrir él que había matado a Lelo así… No sonaba nada agradable.

Se pasó las manos por los ojos, dándose cuenta de golpe lo que tenía que hacer.

-Eh… Eva… eh…-le cogió de un brazo e intentó apartárselo con suavidad de la cabeza- No pasa nada, ¿vale?, a mí se me escapó un par de veces también, ha sido mala suerte. En realidad hace tiempo que sabe abrir la puerta él solo, así que igual no la cerraste mal. Tenía que haber puesto un candado o algo así, no pasa nada, ¿vale?

La niña levantó tímidamente los ojos, había dejado de llorar pero aún tenía la cara húmeda sufría un fuerte hipo.

-De… ¿veras?…

-Claro, los hámster son muy listos, se escapan por todas partes…

-…ah… no… ¿te importa?

Cogió su tarrina, el chocolate estaba medio derretido, empezó a removerlo distraídamente con la cuchara de plástico, pensando una respuesta.

-Sí, me importa… pero ya no podemos hacer nada… ¿verdad?  Compraré un candado para la próxima vez.

-¿Próxima vez?-exclamó su padre.

Los niños le miraron con fijeza.

-Vale, muy bien, compraremos otro hámster y un candado-dijo finalmente, derrotado por dos pares de lacrimosos ojos.

Sus hijos sonrieron un segundo, terminando después sus helados en el silencio meditabundo en que los niños se hunden cuando intentan comprender cómo funciona el mundo.

Elías miró a su hermana, aún roja por el llanto, pero más tranquila.

Se puso la cuchara en la nariz, la niña sonrió.

[Eso es por hoy. Cualquier observación o comentario es bienvenido mientras no tenga que vez con mi culo o hábitos depilatorios :D. Otro día más y mejor]

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