Cómo acallar la escritura de las mujeres

Esta entrada está basada en un libro escrito por Joanna Russ «How to Suppress Women’s Writing», donde describe varias fórmulas empleadas para censurar o desvirtuar los escritos de las mujeres, el libro se centra especialmente en escritoras de novelas inglesas y las técnicas de censura empleadas pueden darse también en otros contextos y contra otras minorías. Algunas son técnicas muy sutiles en las que a menudo podemos ser partícipes inconscientes de las mismas, por lo que me ha parecido interesante hacer una entrada que sirva como referencia y para analizar nuestros propios prejuicios:

  • Prohibiciones: como el nombre indica, es la técnica de censura más obvia, sencillamente se les prohíbe a las mujeres escribir, o exponer lo que escriben, o venderlo, o se les niega participar directamente en cualquier forma de expresión literaria. Puede ser aplicada en términos generales: las mujeres no pueden escribir porque no. O en términos más específicos: cierto tipo de autoras no deben escribir sobre cierto tipos de temas en ciertas publicaciones. El primer caso ha sido históricamente raro, pero el segundo era (y sigue siendo en algunos contextos), muy habitual, a las escritoras no se les permitía entrar en clubs literarios o academias, no se recogían sus obras en periódicos o revistas, las editoriales no querían saber de ellas, el precio exigido para publicar era demasiado alto, etc. Hay que entender también que estas prohibiciones existen y perduran pese que a simple vista parezcan obvias, porque se escudan en «excusas razonables» como que las mujeres «no venden», el público quiere acción y las mujeres no saben escribir acción, así que nadie compra sus libros/las contrata. Es misoginia oculta tras razones económicas (no) objetivas.
  • Negación de agencia: una mujer ha escrito algo, y resulta que no sabemos cómo echarle mierda encima (o sabemos, pero como es una obra muy buena, quedaría demasiado obvia nuestra mala fe), ¿Qué hacemos? «Ella no lo escribió» y ya está. Si un trabajo es demasiado bueno tenemos que negar que haya sido escrito por una mujer, diciendo que lo ha hecho otro, o que ha sido místicamente inspirada por los hombres a su alrededor, a Mary Shelley y su Frankestein es algo que le pasa a menudo por lo visto, convivir con lumbreras como Lord Byron hizo que canalizara la genialidad literaria masculina flotando en el aire, como una especie de médium sin consciencia ni intencionalidad propia, para crear la obra madre de la ciencia ficción moderna.
  • Corrupción de agencia: básicamente, lo que ha escrito una mujer es automáticamente incorrecto por haberlo escrito una mujer, puede que la temática sea impropia (¿feminismo?, ¿¡¿¿¡SEXO??’!?!?), lo que puede llevar a que la mujer se impropia y sucia también, demasiado ingenio en una mujer era considerado una tara cuando se espera que sean discretas y modestas, que tengan el valor de escribir para el público ya es una muestra de una mala actitud. Es decir, ¿has escrito?, mal hecho.
  • Doble estándar del contenido: a nivel personal hay pocas cosas que me den tantas ganas de tirarle una zapatilla a la cara a alguien que oírle criticar a Jane Austen porque «solo escribía sobre parejas y bodas». A lo largo de la historia, y aún hoy en día, hombres y mujeres han vivido en mundo diferentes, con expectativas diferentes, aspiraciones diferentes, oportunidades diferentes y hasta valores diferentes. Por supuesto, esto se traduce en que los temas sobre los que las mujeres escriben varían respecto a los de escritores masculinos, esa variación en absoluto es celebrada como diversidad o riqueza cultural, si no tratada como un defecto. Jane Austen solo habla de parejas (mentira), y todo el mundo sabe que eso no son más que chorradas superficiales, vamos a ignorar alegremente cómo elegir una pareja adecuada para una mujer puede suponer un caso de vida o muerte, elegir una pareja vitalicia es una banalidad.  Lo que afecta a los hombres es lo más importante y universal, la forma de expresarse de los hombres es la correcta todo lo demás es erróneo, el estilo de los hombres es el que se debe seguir si se espera aceptación, los temas que preocupan a los hombres son los que deberían preocupar al mundo entero. Las cosas femeninas son estúpidas, superficiales, banas…
  • Falsa categorización: encasillar a las artistas en una cajita donde se disminuya, o incluso haga desaparecer su propio valor y el de su obra. Por ejemplo, todas las «musas» que inspiraron a artistas varones y que eran buenas artistas por sí mismas, todo su trabajo y dedicación no vale una mierda, ¿un tipo se inspiró en ti para hacer algo? Musa. ¿Un tipo plagió descaradamente tu trabajo? Musa. ¿Enseñaste a un tipo todo lo que sabe? Musa. También puedes haber sido la mujer, amante, madre, hija o hermana de un artista, no importa que hicieras la mitad de sus obras a tu padre, él es el artista, tú, mujer, eres su ayudante como mucho. La falsa categorización puede afectar a las propias obras, como la obsesión de poner a escritoras como Jane Austen, las Brontë y Elizabeth Gaskell en el género romántico (la mayoría de sus obras son comedia, drama victoriano y realismo, respectivamente), mientras que auténticos románticos como Lord Byron y Sir Walter Scott tienen sus obras paseando por las secciones de histórica o aventura; ¿la razón?, lo romántico se ha recategorizado como ~de mujeres~ así que si encasillamos obras femeninas aquí, los hombres pueden alegremente evitar sus trabajos porque (ver punto anterior) lo que escriben las mujeres no es importante y no vale la pena leer.
  • Aislamiento: sí bueno, puede que esta mujer haya escrito algo bien, pero es una excepción, casualidad. Solo una obra vale la pena, el resto no, o no existen. Si se presentan como un one hit wonder podemos ignorarlas como escritoras sólidas y consolidadas, y verlas como monos que consiguieron escribir algo que valiera la pena a fuerza de golpear el teclado.
  • Anomalías: y si resulta que no se puede evitar que tengas varias obras buenas, vamos a tratarla como un caso aislado. Una anomalía de su género. Una aberración. No hay más mujeres que se merezcan ser reconocidas en tal campo/temática/época. Russ en su libro observa como muchas antologías de determinas épocas o estilos mantienen una proporción por debajo  del 7% de escritoras, máximo un 8%. Estas proporciones se mantienen sin importar la cantidad de influencias incluidas, pese a que haya muchas mujeres merecedoras de aparecer. No podemos hacer parecer que haya muchas mujeres habilidosas en las antologías, quedaría feo, quedaría femenino. No mola.
  • Falta de modelos: gracias a los puntos anteriores, no solo hay pocas mujeres escritoras, si no que las que hay escribieron sobre cosas tontas y/o fueron mujeres inapropiadas ellas mismas. ¿Qué mujer decente va a querer escribir para público alguno? Este es uno de los métodos más sutiles, efectivos y crueles de acallar escritoras, porque afecta directamente a sus víctimas antes de que estas puedan levantar un lápiz o pulsar una tecla, las hace creer que no pueden hacerlo y, aunque puedan, no vale la pena.
  • Respuestas: para poder mantener cierta apariencia de respetabilidad, muchas mujeres responden a menudo a sus críticos dándoles la razón de alguna forma, devaluando su propio trabajo mostrando humildad, negando incluso su propia feminidad, o mediante evasivas. Hay cierto tabú para hablar directamente de discriminación, así que si las escritoras quieren ser aceptadas, deben presentar sus defensas de forma que no empeoren su situación.
  • Estética: con la literatura bajo férreo control masculino, la mayoría de personajes femeninos han sido creados por hombres, los hombres los modelan de acuerdo a sus propias ideas y prejuicios (ejemplo fácil, la maldita obsesión de la virgen vs. la zorra, que aparece en todas partes y no tiene ningún puñetero sentido y que se puede simplificar fácilmente con mujeres que aceptan el control masculino vs. las que no). Como la mayoría de los hombres no saben lo que es ser una mujer, ni tienen una cuarta parte de la empatía necesaria para hacerse una idea si quiera, los personajes resultantes a menudo son estereotipos ridículos y estos estereotipos lamentablemente dictan lo que se espera de cualquier otro personaje femenino literario e, incluso, de los que se espera de las mujeres en la vida real. Y, como en los puntos anteriores, lo que dictan los hombres va a misa y lo que no, es que está mal hecho.

Joanna Russ tiene bastante idea de lo que habla, siendo una mujer académica y escritora de ciencia ficción. Su libro está lleno de ejemplos y citas de cómo estas actitudes se manifiestan y hasta cómo afectan a las escritoras que los reciben. Es interesante ya que revela claramente que están presentes a lo largo del tiempo, en diferentes tipos de arte y de grupos discriminados; demostrando que no son simples críticas como las que puede recibir cualquier hombre, si no un esfuerzo, consciente o inconsciente, de mantener vivos los prejuicios que afectan sistemáticamente a las mujeres y otras minorías.

Una guía para aprender a escribir personajes femeninos

Me he encontrado muy a menudo escritores (y hombres en general, también) que encuentran a los personajes femeninos ‹‹difíciles››.

En otras entradas he intentado hacer ‹‹Cómo escribir…›› sencillos para diferentes aspectos de la construcción de una historia, pero creo que para este problema no hay respuestas fáciles, ya que es un asunto que va más allá de la simple habilidad literaria, es un síntoma del desequilibrio social y no hay respuestas fáciles para estos problemas.

Es el desequilibrio conocido como patriarcado.

Sí, esta es otra entrada donde me va a salir la vena feminista por todas partes. Sin embargo, si queréis ser un poco de mejores personas en general, y de buenos escritores en particular, igual os conviene seguir leyendo.

No es culpa de los personajes femeninos (ni de las mujeres)

Volved a mi primer párrafo, observad cómo escribo ‹‹personajes femeninos difíciles››, porque es una expresión que he visto ser usada mucho. También oiréis o, incluso, habréis dicho frases como ‹‹las mujeres son raras›› o ‹‹las mujeres son un misterio››.

Chorradas.

Ese tipo de expresiones son un problema porque implica que los personajes femeninos (y las mujeres) son las culpables de los fracasos de los escritores (hombres). Si un escritor varón hace personajes femeninos de mierda, la excusa es: ‹‹los personajes femeninos son difíciles››, no ‹‹es un escritor torpe y chapucero››. Seguir leyendo “Una guía para aprender a escribir personajes femeninos”

Por qué (auto)publicar

La novela que llevo ya dando tiempo dando la tabarra que voy a publicar está a punto de caramelo. Me hubiera gustado que estuviera ya completamente disponible en los formatos que quiero, pero han ido surgiendo irritantes imprevistos por el camino (mi NaNo de este año será la desgarradora historia de una pobre infeliz que se tira de cabeza a una piscina de Legos, en un arranque de frustración, tras intentar subir un ePUB a Lulu y que este se lo rechace mil veces sin especificar la razón. Carne de best-seller. Os lo digo yo).

Voy a comentaros un poco las razones que me han llevado al camino de la auto publicación y lo que espero conseguir, que puede resumirse en una palabra: experiencia.

El camino de la publicación tradicional de novelas tiene muchos pros y contras. Uno de los contras más fuertes es la completa dependencia que escritores noveles tienen de granjearse el interés de editoriales y editores para que su novela tenga una oportunidad, y solo eso, de ser seleccionada para publicación. Y, en mi opinión, ser seleccionado para publicación no es más que la punta del iceberg de lo que supone ser un autor profesional.

Por ejemplo, algunas de las ventajas que la edición tradicional ofrece suelen ser la distribución a las librerías y la promoción. Sin embargo, no hay más que pasearse un poco por internet para oír historias de autores que prácticamente tuvieron que pagarse la promoción de su bolsillo porque su editorial (en ocasiones, editoriales supuestamente grandes y potentes), no estaba demasiado interesada en ofrecerle su apoyo. También libros que desaparecen de las estanterías en un par de semanas, y son completamente abandonados a su suerte, porque sus ventas tras el lanzamiento no alcanzan los mínimos esperados.

Así que te preguntas para qué vas a comerte la cabeza intentando entrar en la edición tradicional si nadie te garantiza que vas a estar realmente apoyado por tu editorial. ¿Para qué acabar en las librerías tradicionales que te quitarán de las estanterías cuando les llegue el próximo libro de Ken Follet y necesiten toda una pared para colocar los ejemplares? Tu libro puede subirse a internet y estar ahí disponible siempre.

Considero que la edición tradicional tiene aún cosas que ofrecer, pero que las alternativas hoy en día son demasiado interesantes para un autor como para ignorarlas.

Otro defecto que encontré a la publicación profesional es precisamente la espera. Esperar que alguien te haga caso, que alguien encuentre tu libro vendible (sí, he dicho vendible, no bueno, no interesante, vendible). Hoy en día puedes enviar tu manuscrito a docenas de editoriales y ninguna te dirá la razón de por qué no van a publicar tu novela. En un increíble gesto de generosidad pueden mandarte una respuesta de lata, tan cortés como inútil, y ya te puedes dar con un canto en los dientes.

Así que puedes pasarte años dando vueltas con tus manuscritos preguntándote por qué no, sin que nadie te responda y sin la seguridad siquiera de que, aunque pases por todo el proceso de aceptación, tu trabajo reciba el apoyo que debería merecerse.

O…

Puedes auto publicar tu novela y ver cómo funciona el mundillo. Lo que se necesita para publicar con calidad, los métodos de márketing, cómo funcionan los canales de distribución, la respuesta del público (si se consigue =P), qué les gusta, que no les gusta…

Pero, para aprender todo esto, lo primero será tener un manuscrito y, lo segundo, publicarlo.

Así como en la publicación tradicional uno puede hacerse viejo esperando ver su obra disponible al público. Las nuevas tecnologías ofrecen la oportunidad de que los autores tomen un rol proactivo sobre su propia obra. Sí, a veces (muuuuuuchas) las obras auto publicadas no son de la mejor calidad, pero esto no debería considerarse un fracaso, si no parte del proceso de aprender y ganar experiencia.

 

Y tened el valor de decirme que la publicación tradicional no vende obras mediocres que no valen la celulosa sobre la que están impresas. Tened el valor.

 

Diferentes formas de creatividad

[Por si alguien no se ha dado cuenta, he actualizado el diseño de Perico (el Vloj, que como ya me estoy quedando sin nombres raros para llamarle me he decidido directamente por Perico). Me gustan los diseños simples y, además, prefiero que la atención se dirija al contenido, así que he intentado que sea agradable a la vista.]

Ya, ahora, voy a hablar de la creatividad, ya puestos.

La creatividad parece una herramienta indispensable siempre que alguien intenta enfrentarse a cualquier trabajo artístico, como escribir un libro y dibujar. Por ello, si queremos mejorar en cualquier de estas facetas, por lógica deberemos mejorar nuestra creatividad. Sin embargo, ¿qué es la creatividad para empezar?

Me he encontrado gente que asume que la creatividad es ese súbito golpe de ingenio que te impulsa a la acción y creación. Lo cual queda muy mono y muy místico, pero, si nos fijamos, sigue sin decirnos absolutamente nada sobre la creatividad. Es algo que viene de ninguna parte y sobre lo que parece no tenemos poder alguno.

No es cierto.

Cuando los filí, poetas irlandeses, buscaban inspiración, recurrían a complejos rituales de oración, ayuno y aislamiento, porque creían que aquellas experiencias extremas impulsaban las fuerzas creativas. Sin necesidad de ponernos en ayuno ahora mismo, lo que el ejemplo de los filí quiere decir, es que la creatividad es algo que se puede trabajar, es algo sobre lo tenemos influencia y, dependiendo cómo nos enfrentemos a la misma, puede ayudarnos a crear una gran obra.

Creo que la creatividad podría clasificarte en estos grandes grupos:

Creatividad como experiencia: Como los filí se sometían voluntariamente a experiencias extremas, una experiencia particular por cualquier razón, puede suponer una fuente de inspiración. Cuando Picasso oyó de los bombardeos de Gernika, el impacto emocional que recibió le inspiró a dibujar su obra. Sin necesidad de recurrir a extremos y tragedias, hay artistas que han hecho grandes obras basándose en experiencias cotidianas, es más difícil cultivar la creatividad de aquello que ocurre todos los días, quizá por eso no hay tantas obras en este campo.

Creatividad como suceso aleatorio: Probablemente lo que la mayoría define como «golpe de inspiración». Sencillamente estás atendiendo a tus asuntos y de ninguna parte aparece una idea, un personaje, una imagen… Este tipo de creatividad creo que se puede cultivar también, muchos de los que la han sentido a menudo dicen que ocurre mientras hacían «labores cotidianas», hay estudios que muestran que estas labores ponen regiones del cerebro en «stand by», este «stand by» no es realmente un parón, el cerebro sigue trabajando en sus asuntos sin que nos demos cuenta, y cuando da con algo que le resulta interesante toca la campana.

La creatividad como el constructor de puentes borracho: no se me ha ocurrido otro nombre. Básicamente, la gente tiende a asociar cualquier elemento individual que pasa a su mente (una experiencia, una visión, un objeto, un amigo, un color, largo etc.) con otros elementos, en una especie de orden moderadamente lógico. Por ejemplo, si se tiene hambre, se piensa en comida, de la comida al desayuno, del desayuno al café, del café a despertar, de despertar al reloj de mesa, del reloj del mesa a la alarma, de la alarma al mal humor, del mal humor al pesado del jefe… El constructor de puentes borracho lo que hace es, en vez de seguir un orden lógico, se salta pasos, o hace un puente entre elementos aparentemente sin relación como: saltar de tener hambre a pensar en el jefe (comerte al jefe solucionaría muchos problemas), o de tener hambre a osos polares, porque sí. Puede ser una maravillosa habilidad creativa, ya que nos permite ver lo que todo el mundo ve, pero analizarlo en formas que nadie más había considerado antes.

Creatividad como conocimiento: esta es muy rara. Rara no porque ocurra poco, si no porque a menudo no se entiende como una forma de creatividad y se considera, de hecho, que la creatividad funciona al revés: cuando una persona es joven y empieza, parece rebosar creatividad, mientras, a medida que gana experiencia, su trabajo se vuelve cada vez menos variable. Si lo analizamos bien, lo que ocurre es que al inicio la gente tiende a experimentar más, va tocando palos hasta dar con el que se sienta más confortable y, una vez ahí, se aposenta y parece que todo lo que hace es lo mismo, y puede ser verdad, o no. Un pintor pudo empezar su carrera usando todos los colores posibles de la paleta y, con el tiempo, decidió quedarse solo en los tonos azules. Parecería que su trabajo se volviera más monótono si se comparara desde el inicio, pero al centrarse en solo un color, quizá es capaz de desarrollar el potencial de los mismos hacia áreas que no habían sido explotadas nunca por nadie, si es un buen creativo, encontrará formas de expresarse completamente originales y únicas que solo podrían ocurrir a través de un conocimiento profundo del color azul. Esto es creatividad por conocimiento, si sabes bien lo que haces, si dominas tu campo como nadie más (o pocos), podrías hacer cosas que nadie (o pocos) más sería capaz.

Aunque, a veces, es solo pereza por parte de los artistas también.

La creatividad como trabajo: más veces que menos, una gran obra no surge de ningún golpe de inspiración, ni de extraños giros de la mente, ni siquiera de la experiencia. Surge de trabajar en ella, sencillamente, ponerse frente a la hoja en blanco, el lienzo, la pantalla del ordenador… Y trabajar, escribir, calcular, esbocetar, esquematizar, practicar, desechar, rehacer. Parece existir una peculiar creencia, especialmente entre aquellos que no saben o se inician recientemente en el mundo del trabajo creativo, que les hace creer que el único arte que vale la pena es aquel que se ha recibido por los ya mencionados golpes de inspiración, cuando en realidad, la inmensa mayoría de obras de cualquier campo que se os puedan ocurrir, han visto la luz gracias al trabajo infinito de sus autores y no a poseer habilidades extraordinarias.

La creatividad en su conjunto creo que se nutre un poco de cada aspecto, cada persona puede ser más fuerte en uno o varios. Y, al final, todos los aspectos pueden resumirse en el último, ya que creo que todos pueden trabajarse de una forma u otra y pueden manipularse hasta ajustarse a nuestras necesidades, hasta cierto punto.

 

Me gustaría trabajar más el tema de la creatividad en próximas entradas. ¿Qué os parece?, ¿creéis que esta división es adecuada?, ¿hay más formas de creatividad que a mí no se me han ocurrido?

 

Cuando el humor duele

GREATER POOP: ¿Vas en serio o qué?

MAL-2: A veces me tomo el humor en serio. A veces me tomo la seriedad con humor. De cualquier forma es irrelevante. – Principia Discordia

Por si nadie se ha dado cuenta leyendo este blarg, me gusta mucho usar el humor, soy una persona a la que siempre le ha gustado la comedia, creo que es una herramienta poderosa de la comunicación humana y que, por tanto merece estudio y respeto

Sin embargo, me he encontrado a muchas personas, personas incluso profesionales del humor como monologuistas y diferentes comediantes, que maltratan el humor, consciente o inconscientemente, lo usan para hacer daño, se consideran por encima de las críticas y, así, devalúan su importancia.

El humor no es soltar la primera estupidez que se pase por la cabeza y esperar que a la gente le haga gracia, y si no hace gracia u ofende, asumir que la gente “no tiene sentido del humor” y/o “es demasiado sensibles”. Esto no es humor, es ser un Capullo. Las palabras las usa el humorista, la responsabilidad de lo que se dice la debe asumir el humorista también, no su público.

Si te doy una patada en los dientes y añado “es broma” estoy segura que la patada no va a dejar de dolerte por “ser broma”. ¿Por qué asumir que el humor, una poderosa herramienta de comunicación, es tan poco importante que las palabras pronunciadas o escritas van a dejar de tener valor solo porque se han dicho en tono humorístico?

Las palabras tienen valor

No es ningún secreto que las palabras valor, no hace falta ponernos místicos para ser conscientes cómo las palabras dan forma a como interpretamos y vemos el mundo y viceversa. Añadir el humor a nuestras palabras no hace que estas dejen de ser importantes, al contrario, hay ocasiones donde el humor es la mejor y, a veces, la única forma de afrontar una situación.

Es bueno tener esto en cuenta antes de despreciar una crítica por hago que habéis dicho o escrito por “es broma”. Una broma puede ser algo serio. Seguir leyendo “Cuando el humor duele”

Echarle cuento a las historias

A veces, cuando repaso una historia para corregirla, me encuentro que quizá no es tan apasionante como creía que era en mi cabeza. Supongo que en parte pudiera ser porque como la historia es mía y ya sé lo que ocurre, y lo miro con ojos de destripadora,  a ver de dónde tengo que quitar y poner, pierde cierto interés.

Por otro lado, estuve pensando cómo muchas historias crean grandes expectativas dentro de la narración para generar mayor gancho (lo que yo llamo «echarle cuento») y puede que mi problema también sea que fallo ahí.

Como ejemplo para ilustrar a lo que me refiero, voy a hablar de Doctor Who. El otro día entré en un foro a ver qué novedades había y me encontré mucha gente que estaba encantada con cierta línea argumental, pero que el final no había estado a la altura de las expectativas creadas en la historia.

Esta entrada ha sido patrocinada por la fabulosa capa de Tres

No voy a decir qué capítulo era, porque probablemente, dependiendo a quién se pregunte, esto puede decirse de la mayoría de capítulos/temporadas de la serie. Doctor Who vive prácticamente de crear grandes expectativas: cada aventura puede ser la más intensa, la más peligrosa, la más oscura, la más brillante, la más grandiosa, la más trágica… Así que es normal que, muy a menudo, los finales no cumplan con lo que se espera, porque las expectativas están demasiado altas (y hay más de CINCUENTA AÑOS de finales de Doctor Who con los que competir).

Sin embargo, Doctor Who sigue siendo una serie muy popular, mucha gente la ve pese a que algunas de sus estratagemas para crear falsa tensión son tan obvias que hasta el espectador más casual puede darse cuenta de ellas. Los escritores de Doctor Who le echan mucho cuento, y, aunque no todos los capítulos/temporadas terminen de agradar a todo el mundo, es una estrategia que les funciona bastante bien. La máxima aquella de: «lo que importa no es el destino, si no el viaje», parece funcionar con esta serie.

Por otro lado, también pienso en otras historias, historias muy buenas, que quedaron a arruinadas por un mal final. Por ejemplo, en mi caso una de mis mayores decepciones fue el manga de Monster, la trama y la narración me parecieron sencillamente brillantes mientras lo leía, buenos personajes con interesantes historias que contar girando alrededor de varios misterios. Sin embargo, gran parte de lo que puede considerarse el final me pareció tan malo a tantos niveles que, a día de hoy, he sido incapaz de releer las partes que me parecieron buenas, porque la cutrez del final pringaba toda la historia como un vertido de crudo sobre una cría de foca.

Monster, para mí, fue una historia donde la estrategia Doctor Who no funcionó bien. Igual por el tipo de historia, igual porque el escritor no supo plantearlo de otra forma, no lo sé.

Podría llegar a la conclusión de que, en ocasiones, echarle cuento no funciona bien. Sin embargo, Monster consiguió mantenerme enganchada durante mucho tiempo con esta técnica, lo cual probablemente sea la habilidad más importante que puede tener un escritor: enganchar a la gente. Además es una historia que se ha ganado a mucha crítica también y, lo reconozco, mi opinión respecto al final no es extraordinariamente popular, así que podría ser una manía mía.

Por lo que la conclusión a la que llego finalmente, es que tengo que tener menos miedo a echarle cuento a las historias, tengo que aprender a aumentar las expectativas; si hincho la historia como un globo puede tener consecuencias negativas y, por sí solas, las expectativas no hacen un buen argumento, pero sí pueden mejorar el material con el que trabajamos, darle el pulido final de «bueno» a «brillante»*.

Ahora, solo me queda descubrir cómo crear expectativas correctamente, ser capaz de enganchar lectores mientras se lucha por mantener un final coherente.

 

 

*La inclusión de la palabra «brillante» varias veces en esta entrada no es casualidad.

 

Personajes, marcadores y su problemática.

Un marcador es elemento visible (también pueden aparecer dentro de las historias puramente escritas, pero me voy a centrar en esta entrada en los dibujos), que ayuda a definir la identidad de un personaje. Es una herramienta que hay que usar con cuidado, sin embargo,  la mayoría de los que dibujamos/escribimos la usamos continuamente, las vemos ser usadas, pero rara vez nos paramos a pensar seriamente lo que representan; solo leemos su significado sin pararnos a pensar en sus connotaciones.

¿Queréis un ejemplo?

Me apuesto un brazo a que la mayoría de vosotros a ver las imágenes pensáis que el monigote de la izquierda es un hombre, y el de la derecha, por la mera aparición del lazo, es una mujer.

El lazo es un marcador. Define el monigote como femenino.

Ahora es donde vienen las preguntas difíciles: ¿por qué asumimos que el monigote sin marcador alguno es un hombre?, es más, ¿a qué también muchos asumirán que es un hombre entre los 25-55 años, blanco, occidental y de clase media? Todos esos datos se asumen habitualmente de un monigote sin marcador alguno.

Si un dibujante quisiera hablar de la pobreza, probablemente se vería obligado a ponerle algunos marcadores al personaje (barba chivo, ropa rota…), para señalar que es pobre; si quisiera hacerle asiático, probablemente le pondría unas rayas a modo de ojos, porque en occidente esos “ojos rasgados” son el marcador por defecto para asiáticos (eso si no quiere ir en una ruta aún más profunda de racismo y  añadir un sombrero cónico y una trenza).

¿Por qué son necesarios estos marcadores?

Porque, en nuestra sociedad occidental, el ser humano por defecto es: hombre, blanco, de ascendencia europea, moderadamente joven,  de clase media…

Y todos los demás somos alteraciones de ese “ser humano base”. Una subespecie.

Este es algo que encuentro muy problemático en muchos sentidos, ya que la muchos de los marcadores que se usan no solo son poco realistas (¿cuántas mujeres conocéis que lleven habitualmente lacitos?), a menudo, son directamente racistas, sexistas, clasistas, etc.

Voy a poner un ejemplo sobre lo turbio que es el mundo de estos marcadores con un conflicto ocurrido a raíz de la adaptación a imagen real de la serie Avatar (no, el de los pitufos anabolizados, no, dejaremos el racismo de ese para otro día). Cuando se eligieron los actores, ocurrió que todos los papeles principales eran blancos (tras varios “búuuh”, por parte de los fans, uno de ellos se cayó y fue sustituido por el pobre Dev Patel, que se hubiera merecido algo mejor).

Se dieron muchas excusas para que gente blanca europea hiciera el papel de personajes en un mundo asiático-nativo americano, con nombres, leyendas y tradiciones inspiradas en esas culturas y, algunos, con marcadores bastante claros de NO ser blancos como piel morena y narices ligeramente anchas. Ninguna de esas excusas eran válidas, y son aún más absurdas si uno entiende cómo funcionan los marcadores.

Como he dicho arriba, en occidente la gente asiática suele tener, uniformemente, ojos rasgados para definirlos como tales. Sin embargo, en el estilo manga/anime del que la serie Avatar original se inspira, los “ojos grandes y redondos” no implican “ser occidental”, implican “persona joven”, que es lo que eran los personajes principales de la serie, con edades entre los 12 y 17 años.

Existe una larga y triste historia de gente occidental diciendo grandes estupideces al mal interpretar trabajos de otras culturas porque asumen que sus marcadores  son marcadores universales para todo el mundo.

Así que, cuando nos enfrentamos al problema de los marcadores podemos intentar evitar connotaciones que no queremos sencillamente eliminando los marcadores, pero esto nos lleva a un nuevo problema: el de la invisibilidad. Si dibujo una historia muda con un personaje femenino, sin ningún marcador obvio que sea femenino, la mayoría de la gente que lo lea va a asumir que es un hombre, y la presencia femenina de la historia desaparecerá porque la gente no la verá. La gente va a creer que está leyendo la historia de un hombre, y no de una mujer; básicamente, las mujeres no existen en las historias si no las “marcamos” claramente como tales.

De phdcomics.com

Y si la representación de minorías en la sociedad, aún usando marcadores obvios (mirar de nuevo el drama sobre Avatar arriba) ya es mala, ¿cómo lo será si encima no usamos los marcadores?

La solución no es fácil y yo no la tengo, mi filosofía personal al respecto es educarme, reconocer la existencia de estos marcadores y aprender a usarlos con prudencia: evitando los tópicos (con especial atención a aquellos que se han usado y abusado para discriminar e insultar a las minorías) y aprendiendo cómo les gusta a estas minorías verse identificadas, y no imponiéndoles nuestras propias teorías sobre cómo deberían reconocerse. Con el tiempo, espero que no solo nos eduquemos a nosotros sobre cómo estos marcadores están entrelazados en todos los aspectos de prejuicios y discriminación que domina la sociedad, también las personas que vean nuestro trabajo aprendan poco a poco un nuevo lenguaje de símbolos un poco menos problemático.