Pequeño relato 05

[Sigo esta serie de relatos, según el orden, toca describir un objeto]

Descripción de un objeto

El Tarro de Galletas

El bote de galletas se alzaba sobre la balda superior, entre tarros de las legumbres, como camuflada.

Lo que no podía camuflar era su superficie de cristal, que brillaba de forma alegre, entre sus reflejos podía vislumbrarse su contenido, lo suficiente como para llamar al hambre a cualquiera que echara tan solo una breve mirada; las dulces galletas contenidas dentro del cristal parecían exigir atención al pasar junto a ellas.

El bote era alto y grueso, con formas voluminosas bajo una tapa que apenas permitía el paso de un puño. Una trampa cruel que dejaba que las galletas pudieran almacenarse en grandes cantidades, pero obligaba a los hambrientos a cogerlas de una en una.

La tapa, de corcho y cristal, tenía una anilla metálica que soltaba un ruidoso chasquido cuando alguien se atrevía a abrirla. Una trampa que daba la alerta cuando alguien intentaba hacerse con ellas sin permiso.

Sobre la balda superior, entre tarros de alimentos más sanos, el bote parecía a salvo de los brazos más cortos… pero no por mucho tiempo.

 

[He hecho una descripción dramática de un tarro de galletas, yo tampoco entiendo nada =P]

Pequeño relato 04

Voy a continuar con esta serie de entradas, aunque ya no vale la pena llamarle reto, seguiré escribiendo cosillas de vez en cuando para ir practicando diferentes perspectivas y que no se me anquilose ningún músculo de los dedos por no escribir :D.]

 

Escena: alguien pierde un zapato en una noche de fiesta

La Inauguración

Eli había oído que se iba a abrir un nuevo bar por la zona de copas, en la inauguración iban a poner las bebidas a mitad de precio. Se había pasado la semana dando la brasa a sus amigos para ir, tan pesado se puso, que hasta los menos fiesteros se habían animado a salir solo por dejar de oírle hablar de cubatas a tres euros. Había conseguido convencido a toda la cuadrilla de acompañarle, pero nada más llegar al garito empezó a arrepentirse de haberse puesto tan inaguantable. Iban a correrle a ostias seguro.

El bar tenía muy buena pinta, con un gran letrero donde ponía «El Siete» en letra elegante y moderna, mientras detalles en neón rojo invitaban a la fiesta. El resto de la decoración estaba cubierto por pintura gris metálica que soltaba extrañas iridiscencias; púrpuras, azules y fucsias dependiendo de la luz de la calle y de la que se filtraba de las luces de baile del interior. El sitio no estaba mal, pero estaba petado de gente. No había cola, solo un apelotamiento humano, como el tumor de un alien, naciendo de la puerta.

Tragó saliva y decidió que no iba a echarse a atrás por eso.

—¡Venga vamos! —dijo a sus colegas, como un capitán animando a sus tropas—. ¡A desfasaaaarrr!

—Entra tú primero y luego me cuentas —le respondió Matías en tono de guasa, siempre tenía que ser el listo y eso le tocaba los huevos. El resto se rió también.

—Vale, vosotros id decidiendo qué queréis mientras yo voy a la barra.

Cogiendo aire y levantando la barbilla, Eli avanzó valientemente hacia la muchedumbre. A veces la gente se apelotonaba en la puerta, por alguna estúpida razón, y luego el interior del local estaba vacío. Sin embargo, a medida que iba entrando en el garito, metiendo codo con disimulo y culeando lateralmente, se dio cuenta que todos los metros cuadrados de bar estaban ocupados por más seres humanos de los que él creía podían entrar físicamente. La concentración de masa era tal que estaba seguro alguien, por fuerza, iba a tener que acaban viajando a un universo paralelo, porque en aquel universo sencillamente no había tanto puto sitio para toda aquella gente. Seguir leyendo «Pequeño relato 04»

Pequeño relato 03

Se me olvidó subir esta entrada en su momento, reto no superado, ¡op! De todas formas el reto es un ejercicio, así que voy a seguir a ello.

Entrada principal sobre el reto

Diálogo: discusión con un niño

Cromos

—Este ya lo tengo—dijo Nico señalando un cromo—, este también, y este…

El hombre mayor quería cambiar cromos con él, había un niño pequeño al lado suyo que miraba todo atentamente. Nico adoptó una postura de chico grande, espalda estirada como le decía su madre y cabeza alta, estaba haciendo negocios con un adulto, tendría que tener cuidado de que no le engañaran.

—Este no lo tengo…—dijo finalmente, señalando uno de los cromos.

El hombre lanzó un suspiro.

—¿Entonces me lo cambias por tu cromo del portero?

—No—Nico sacudió la cabeza—, el del portero es raro, os lo cambio por el del defensa.

—¿Qué quieres por el del portero?—el hombre parecía un poco incómodo, de vez en cuando se volvía a su hijo pequeño  y sonreía. Querían aquel cromo del portero, pero Nico no estaba seguro de aquel negocio.

—Todos los demás los tengo—dijo Nico, no le iban a convencer, el del portero era un cromo muy bueno, sabía que podía cambiarlo por tres cromos raros más.

A su alrededor, en la plaza, había gente de todas las edades cambiando cromos , algunos eran críos mayores como Nico, otros adultos, como coleccionistas, o padres y madres que discutían en nombre de sus niños.

—Mira—insistió el hombre—, qué te parece si te doy este otro, que es un poco raro, y dos más. Aunque los tengas repetidos los puedes intercambiar por otros.

Nico se cruzó de brazos, hinchó el pecho y se abrió de piernas.

—No estoy seguro que ese trato me convenga.

No iba a dejar que un adulto le estafara, no iba a cambiar su cromo del portero por tres cromos que ya tenía. El hombre parpadeó y puso cara de confusión, si creía que negociar con críos iba a ser fácil, se había equivocado un rato largo. Los cromos eran un asunto serio, había visto gente pagar tres euros en el patio de su escuela por un cromo raro como aquel, podía comprar un par de bollos de chocolate con tres euros, o seis paquetes de cromos más, eso eran dieciocho cromos.

—Y qué tal… qué tal dos cromos semi raros, mira, del otro portero y del mediocentro y tres cromos que no tengas repetidos ya, te los dejo elegir.

Nico se balanceó, miró su cromo del portero, encima de todo el taco y sujeto con una goma marrón, consideró la propuesta. ¿Era un buen trato o no? Había cromos que, aunque ya tenía, no tenía repetidos y no eran del todo fáciles de conseguir, si podía elegir él los adecuados podría intercambiarlos por cromos que sí quería, eso sería más importante que tener dieciohco cromos que ya le habían salido repetidos tres veces. Pero, ¿y si en otra parte por allí había alguien con un trato mejor? La plaza estaba llena de gente.

Levantó la vista del portero y miró al niño que acompañaba al hombre, el niño les miraba a los dos nerviosos, sus deditos se agitaban a los lados de su abrigo. Nico se balanceó susbre sus pies.

—Vale, de acuerdo—dijo finalmente—, esos dos del otro portero y el mediocentro y los otros cromos los elijo yo.

Vio al niño sonreír y al hombre soltar un largo suspiro.

—Bien.

El hombre soltó la goma de su taco de cromos y los fue pasando para que los viera otra vez mientras elegía. Había dos que podría cambiar bien y otro que no le convencía mucho, pero aceptó el trato. Nico soltó su propia goma con un chasquido y entregó el codiciado cromo del portero a su nuevo dueño, este le dio el taco a su hijo y los dos se marcharon de la plaza, con el niño dando saltitos.

Nico revisó las cromos nuevos que había conseguido, cinco cromos por uno, no era el trato que quería, pero era un buen trato, decidió finalmente. ¿A ver quién más había por allí para cambiar aquellos cromos?

Relato parcialmente basado en hecho reales, no os fiéis de niños negociando cromos, van a degüello.

Pequeño relato 02

Entrada principal

Acción de hacer la compra

Cebollas y pan

La lista era muy simple: cebollas, huevos y pan.

Ana cogió el la cestita roja de plástico del supermercado, no necesitaría un carro, no tenía mucho que comprar. Solo cebollas, huevos y pan.

Hubiera preferido no tener que comprar cebollas, odiaba las cebollas, le irritaban los ojos y la textura blanda al cocinarlas y el sabor que dejaba en su boca le daba repelús. Estaba segura que cualquier comida estaba mejor sin cebollas.

Caminó entre los pasillos del supermercado, buscando los objetos de su lista. Eran tan pocas cosas que ni las había apuntado. Cruzó el pasillo de los artículos de baño y el de las bebidas alcohólicas, se preguntó por qué la comida básica la escondían tan al fondo, no quería un desodorante, solo el pan. Llegó a una zona donde se levantaban las pequeñas cajitas de colores de las infusiones, estaba segura que la zona del pan era allí, ¿por qué había infusiones cerca del pan? Siguió avanzando y, por fin, encontró estanterías con bollería, el pan tenía que estar cerca. Avanzando unos pocos pasos más vio en una esquina las cestas inclinadas conteniendo cada una variados tipos de pan. Ahora tenía que decidir qué pan cogía, ¿pan normal?, ¿por qué lo llamaban baguette ahora?, ¿pan chapata?, ¿el que parecía una flauta?… Le gustaba la baguette un poco tostadita, pero todas tenían un color amarillento mustio, así que optó por el pan de pueblo.

Y ahora qué… oh, las cebollas, claro. Reprimió un gesto de asco al pensar en las cebollas, todo el mundo en su casa adoraba las cebollas, no lo entendía, había pocas cosas más repugnantes para comer que la cebolla, encima olían a rayos y le hacían llorar los ojos al prepararlas. Las cebollas eran horribles.

Por fortuna, en la lógica de supermercado, la fruta estaba muy cerca del pan y las verduras nunca estaban muy lejos de las frutas. Encontró las cajas de las cebollas y las miró un momento. Hasta las cebollas tenían diferentes tipos, cogió las más marrones, feas y con tierra sin limpiar; probablemente eran las más sanas porque eran orgánicas o ecológicas o alguna cosa así, le daba igual, las odiaría profundamente en cualquiera de sus formas. Las metió en su cestita de plástico y avanzó hacia las cajas registradoras.

¿Por qué no podían comer sin cebolla? Seguro que había platos muy ricos que se podían hacer sin ella, pero en su casa la miraban mal si insinuaba que hicieran una tortilla sin cebolla, o que no la echaran al arroz… Colocó sus compras en la cinta de la caja y, con movimientos rápidos y precisos, la cajera los pasó por el sensor.

—Tres con cero trece, por favor.

Ana rebuscó en su monedero los cero trece y se los entregó a la cajera junto con los tres. Luego metió las cebollas y el pan en su bolsa y salió del supermercado.

Cebollas y pan, ¿eso era todo?

Pequeño relato 01

Descripción de un lugar

La isla

El mar del norte era oscuro y violento, sacudía con fuerza sus olas contra las altas paredes de piedra, pero la pequeña isla aguantaba el movimiento sin inmutarse. En todo su perfil no había una sola linea vulnerable, ni un resquicio por donde el agua pudiera entrar, era una inmensa fortaleza impenetrable donde solo vivían las aves marinas, hierba baja azulada y un par de retorcidos árboles de cortezas peladas que aguantaban con valor el empuje del viento y la sal del mar.

Desde la costa habitada al sur se la veía la isla como un cuenco inclinado de lado, la línea de paredes de roca más bajas enfocaban hacia el sur, mientras la zona interior, el único lugar donde la vegetación se permitía crecer, se hundía de forma cóncava en el terreno, recogiendo el agua dulce de lluvia en su centro. Engañaba a la vista en la distancia, lo bajas que eran realmente las rocas que la rodeaban, y solo a una distancia que ya amenazaba con ser peligrosa, debido a la fuerza con que las olas se estrellaban y revolvían contra la isla, se podía ser consciente de la imposibilidad ascender por aquellos muros verticales donde el trabajo constante de los elementos había afilado sus ángulos como letales cuchillas.

Solo en los huecos de las rocas, gaviotas y otras aves marinas habían encontrado buenos lugares para anidar y otear el horizonte, donde ninguna otra criatura del mundo pudiera llegar. Sus chillidos llenaban continuamente el aire alrededor de la isla y advertían de su posición a cualquiera que se perdiera del mar en un día de niebla. En los días de sol, se veía a las aves moverse a su alrededor, desde lejos parecían como abejas revoloteando alrededor de su reina. La pequeña isla era su fortaleza en medio del océano, poderosa e inexpugnable.

Entrada principal

 

Pequeños relatos

[Derp. Al final no he podido hacer el reto como quería, a sí que he cambiado el nombre para que sean relatos cortos que iré haciendo con calma, mientras sigo con otros proyectos.]

Creo que cuando empecé el bloj tenía uno de estos, pero se me ha debido perder la página. Así que voy a empezar de nuevo una especie de «reto», o más bien un ejercicio para que no se me olvide ezcrivir, como estoy en una fase dura de correcciones (aparte de Las Montañas de Sangre he resucitado un viejo manuscrito que puede que mande a un concurso y que también necesita reparaciones serias y gotelé), me ha parecido buena idea intentar escribir algo original de vez en cuando para no oxidarme. Intentaré tener cada quince días un texto entre 200-1000 palabras (no quiero que me coma la vida, solo quiero practicar) bajo diferentes propuestas para ejercitar diferentes aspectos que suelen contener una novela de ficción:

  • Descrpción
    • Un lugar
    • Un objeto
    • Una persona
  • Acciones
    • Hacer la compra
    • Desactivar una bomba
    • Enfrentarse a un monstruo
  • Diálogos
    • Una discusión con un niño
    • Un comerciante intentando vender cualquier mierda
    • Un malo explicando su plan
  • Escenas
    • Alguien pierde un zapato en una noche de fiesta
    • Alguien ha levantado los muertos esa noche en el pueblo
    • Alguien quiere cortar con otro alguien

Iré saltando de elemento en elemento (descripción->acción->diálogo->escena) y luego de punto en punto, así tendré para una temporada y si me quedo sin propuestas lo que haré será repetirlos, pero de formas diferentes, cambiando el tono, el PdV, etc. Si alguien quiere animarse a hacer estos ejercicios conmigo, le animo =P, si quiere usar las ideas a su manera, me parece bien también.

Mañana subiré el primero, hoy tengo sueño.

Reto de Diciembre 1: Chica en un Árbol

Empiezo el DIDePeERIEOUrigfkjghdf loque sea, el Reto de Diciembre. No os acostumbréis no voy a subir cosas todos los días, ya os lo avisé, pero como este lo he hecho con el potosop no me cuesta nada.

Es una chica... en un árbol

Sí, se llama «Chica en un Árbol» porque soy la ostia de original. La inspiración la saqué de mi libro de Biología que tiene un tipo colgando de un árbol al mismo estilo, la foto me pareció preciosa pero el colega con el casco naranja, treinta arneses y gafas de sol como que destrozaba el romanticismo, así que ahora es una chica. Ále.

Ahora le debo algo con nieve a Ele y un Urki porque me da la gana. Si alguien tiene más sugerencias que pida por esa boquita.