[En esta ocasión, he sacado el ejercicio de aquí: http://www.creativewritingprompts.com/ La última en concreto. "Usa las siguientes palabras en una historia: estudiante universitario, papel arrugado, tren y portátil".]
-Pero esto no puede estar bien, la fórmula no da.
-¿Qué no da?
-Tiene que estar entre o’o3 y 0′3.
-¿Y?
-Da 54.
-Pfff… Pues vale, ya lo miraré…
Estaba recogiendo sus cosas. Alba y Juan la miraron desconcertados.
-¿Qué haces?
-He quedado para comer con mi novio, luego si eso os llamo.
-¡Entregamos esto el Lunes!
-Ya, que os llamo.
-Nosotros también queremos salir.
-Ya, no os ralléis, os he dicho que os llamo, joder, qué gente…
Juan tenía la boca más abierta del mundo, y Alba daba la impresión que el pendiente de la nariz se le iba a fundir de la rabia. Tenían que presentar el maldito trabajo de laboratorio de electrotecnia en tres días, y la tontalculo de su compañera Verónica no solo lo había entregado su parte tarde y a medias, encima lo poco que había hecho estaba completamente mal.
La silla a su lado chirrió, Alba también recogía visiblemente cabreada.
-¿Te vas?
-A tomar por culo todo, yo también quiero irme con mi novia.
Le iba a dar un infarto.
-¿Y el trabajo?-preguntó, sintiéndose muy débil y cansado.
-Me da igual, envíamelo por correo y el fin de semana lo terminamos entre los dos, luego el Lunes vamos a la tutoría antes de clase y le decimos lo que ha pasado.
-Tengo exámen el Martes… tengo que estudiar…
-¿Qué tienes?
-Máquinas…
-Jodeeerr…
Alba suspiró, dejando pesadamente la bolsa con libros sobre la mesa, y le miró por encima de las gafas de pasta.
-Vale, mira, tú envíamelo y yo intentaré hacer lo que pueda, ¿vale?, envíamelo ahora si puedes, y esta noche te digo lo que hago.
Miró la puerta de la sala de estudio, por donde se había ido Verónica, preguntándose si sería demasiado tarde para ir a buscarla y traerla de vuelta a rastras.
-Vale…
Al menos Alba era un amor, pero no podía evitar sentirse tremendamente descolocado.
Odiaba que las cosas ocurrieran así, odiaba aquella desorganización. Él no había estudiado todo lo debido para preparar aquel trabajo, había calculado minuciosamente como pensaba distribuir lo que tenía que estudiar entre el fin de semana y el Lunes, y ahora no tendría ni idea de hasta la noche.
Que Alba le quitase más peso iba a ser un alivio, pero la incertidumbre le reconcomía. ¿Qué iba a hacer ahora?, ¿seguir con el plan que tenía preparado?, igual si se quitaba algunas horas de dormir podría acomodar el trabajo extra.
Repasó su agenda, donde tenía todo organizado. Ni siquiera iba a salir para poder estar descansado, tenía unos patrones de sueño horribles y si no dormía bien sufría jaquecas de caballo. Había llegado a vomitar por su culpa.
Claro que nadie se lo toma en serio, como tienden a ocurrir tras noches de juerga, muchos le toman el pelo diciendo que era una resaca. No era resaca, era una putada. Y si tenía que entregar un trabajo el Lunes a primera hora y el Martes tenía el jodido examen de Máquinas…
Sintió como se le aceleraba el pulso.
Y todo por la jodida Verónica. Odiaba a la gente como ella, la odiaba. Tenía que jugar con sus salud solo porque a la muy payasa no le da la puta gana de hacer su trabajo.
Intentó tranquilizarse, miró su portátil en busca del icono del WiFi. No lo recibía, para variar. Encontrar el WiFi de su universidad era como buscar el arca perdida en Torremolinos.
También odiaba aquello.
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